Destructor, forjado a ras de lona y sin atajos en la lucha libre

Sin herencia ni apellido, el luchador hidalguense construye su camino desde la arena Afición, con experiencia, constancia y estilo propio

Imagen: Alejandro Velázquez
 
Hace (6) meses
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Imagen: Destructor, forjado a ras de lona y sin atajos en la lucha libre

La Arena México aparece como el sueño máximo en la carrera de Destructor. Foto: David Martínez

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En la lucha libre no todos llegan con un apellido que abra puertas ni con una herencia que marque el camino, pues hay trayectorias que se construyen a ras de lona, con constancia y aprendizaje, y Destructor pertenece a esa estirpe.

Su carrera no se explica desde un momento específico, sino desde la acumulación de experiencias que, función tras función, han moldeado su identidad como luchador en una de las plazas más exigentes del país.

El cierre de 2025 no significó un punto final ni un parteaguas espectacular, pero sí un año que dejó certezas. Más allá del número de presentaciones, el balance se inclina hacia el crecimiento personal, la madurez en el ring y la capacidad de responder en escenarios distintos.

“Con lo que más me quedo es con toda la experiencia y la lona recorrida a lo largo de este año. Fue un año muy productivo; gané dos trofeos, uno en la arena Afición y otro fuera de ella, y seguimos preparándonos para enfrentar cada reto que nos prepare el siguiente año”, expresó en entrevista con Criterio.

 

Para Destructor, el prestigio se construye con disciplina y desempeño en el ring.
Para Destructor, el prestigio se construye con disciplina y desempeño en el ring. Foto: David Martínez

 

Una carrera forjada sin herencia ni atajos

La relación con la lucha libre no nació de una decisión racional, sino de una afinidad temprana difícil de explicar. No hay un recuerdo preciso del primer contacto, pero sí una certeza: el gusto estuvo ahí desde siempre.

“El enamoramiento empieza desde que era un bebé. No recuerdo mi primer acercamiento, pero los pocos recuerdos que tengo son como aficionado en la arena Afición. Siempre soñé con ser luchador; fue una meta que me propuse día con día hasta conseguirla”, añadió.

Ese deseo no estuvo respaldado por una tradición familiar. A diferencia de muchos compañeros, Destructor no creció entre máscaras ni entrenamientos heredados. Su ingreso al deporte implicó aprender desde cero, sin atajos ni referencias inmediatas.

“Sí fue más complicado. Hay quienes empiezan desde muy niños porque tienen familiares en esto. Yo empecé a los 10 años, en mi primer entrenamiento en la arena Afición con el Doctor Kalini, y fue aprender todo desde el inicio”, detalló.

La arena Afición no solo fue el lugar en el que se formó, sino el espacio que definió su manera de entender la lucha libre. Entrenar, debutar y desarrollarse ahí implicó asumir una exigencia constante.

“Es un honor pertenecer a la arena Afición. Mi carrera, desde el entrenamiento, ha sido cien por ciento ahí. No empezamos desde abajo, empezamos desde la catedral de la lucha libre en Hidalgo, un recinto con mucha historia y prestigio”, explicó Destructor, consciente de lo que representa pisar ese ring.

El primer enfrentamiento real con el público fue una prueba definitiva. El debut quedó marcado como una experiencia que no se olvida, no por el resultado, sino por la presión.

“No es lo mismo entrenar que estar frente a la gente. En el debut no sabía lo que era enfrentar al público; si te equivocas, la gente te exige y tienes que resolver en el momento”, recordó.

Con el tiempo llegaron luchas que exigieron algo más que condición física, combates en los que la lectura del rival se volvió determinante.

“Una de las luchas que más recuerdo fue contra Acuático, por una copa en la arena Afición. Es un luchador infravalorado; sacó todo su conocimiento y fue de los rivales más difíciles que he enfrentado”, reconoció.

 

Cada rival externo representa un nuevo desafío para el luchador hidalguense.
Cada rival externo representa un nuevo desafío para el luchador hidalguense. Foto: David Martínez

 

La Arena México, el horizonte máximo del luchador

Como la mayoría de los luchadores mexicanos, el horizonte máximo tiene nombre propio y su mirada está enfocada hacia el Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), una de las empresas más importantes no solo del país, sino del mundo.

“Nuestro sueño es la Arena México. Es la máxima casa de la lucha libre, con una historia impresionante. Para mí sería un sueño presentarme ahí algún día”, admitió Destructor.

Mientras ese objetivo se construye, a Destructor le ha tocado defender la casa frente a elementos de otras plazas, una responsabilidad que asume con seriedad.

“Enfrentar gente de fuera es bonito y complicado. No sabes con qué vienen y eso te obliga a pensar, a contrarrestar y a sorprender al público”, explicó.

Las referencias también juegan su papel, no como moldes, sino como influencias que ayudan a entender estilos y épocas.

“Místico fue un referente para muchos, también La Máscara, La Sombra y Volador Jr. por su estilo aéreo. De generaciones anteriores, El Hijo del Perro Aguayo, Fishman, Blue Demon y, por supuesto, El Santo”, enumeró, consciente del peso histórico de esos nombres.

 

Destructor soñó con ser luchador desde pequeño y hoy defiende su lugar en el ring.
Destructor soñó con ser luchador desde pequeño y hoy defiende su lugar en el ring. Foto: David Martínez

 

Hidalgo en el mapa y un estilo propio por construir

Hidalgo, además, ha visto surgir a luchadores que trascendieron fronteras en la última década. Para Destructor, ese contexto representa una motivación adicional.

“Ya hay camino abierto, Hidalgo ya está en el mapa. Pero no buscamos ser como alguien; buscamos ser mejores, con un estilo propio, y llevar todavía más lejos el nombre del estado”, agregó.

Fuera del ruido del público, la rutina continúa en silencio. Revisar videos, corregir errores y asimilar lo aprendido forma parte de su día a día.

“Me gusta ver las luchas, ver en qué fallé y qué puedo mejorar. Sales de una arena llena y regresas solo, pero te llevas a la gente en la mente y en el corazón”, compartió.

Cuando se habla de obstáculos, la respuesta no apunta a un rival específico: “La preparación diaria es el mayor reto. No solo es luchar, es llevar tu cuerpo al límite durante 10 o 20 minutos y estar físicamente al cien para evitar lesiones”.

Sobre los objetivos para el próximo año, no se plantean desde la prisa; el panorama está abierto y se siente preparado para lo que venga.

“Quiero más lona recorrida, seguir preparándome y foguearme en diferentes lados. Si se da salir fuera, estamos disponibles”, afirmó.

Finalmente, respecto a los campeonatos, su postura es clara y poco complaciente: “Un campeonato no hace tanto al luchador como que el luchador le dé prestigio al campeonato”, sentenció Destructor, convencido de que el respeto se construye con trabajo sostenido.

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