En este Día de las Madres, Neftalí Bazán y su hijo Russell demuestran que el deporte puede ser el puente perfecto entre el amor, el esfuerzo y los sueños compartidos, con una relación que ha crecido al ritmo de las competencias de dodgeball

Neftalí y Russell, unidos por el dodgeball y por una complicidad que trasciende el deporte. Foto: Juan Martínez
El Día de las Madres no solo es una fecha para celebrar, sino también para reflexionar sobre las historias de amor, esfuerzo y entrega que muchas mujeres viven día a día por sus hijos. En el caso de Neftalí Bazán, ese amor se manifiesta a través del deporte. Junto a su hijo Russell, ha forjado una relación entrañable que encontró su punto más alto en las canchas de dodgeball, un deporte que poco a poco se abre camino en Hidalgo.
Madre e hijo, quienes comparten la disciplina, las mismas metas y, sobre todo, los mismos valores, comenzaron su andar en esta actividad de una forma peculiar.
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“Me invitó una maestra a jugar porque tenía un equipo, y al principio se me hizo algo fácil cuando lo vi, pero ya jugándolo me di cuenta de que era complejo. Lo padre de este deporte es que no hay límite de edad”, contó Neftalí con entusiasmo, mientras su pequeño tuvo su primer acercamiento al deporte dentro de las clases de educación física en su colegio.
Lo que parecía una actividad sencilla se convirtió en una pasión compartida que los ha unido más allá del deporte.

Russell ya ha vivido experiencias que muchos atletas tardan años en alcanzar, ya que fue parte de la selección mexicana Sub 12 que ganó la medalla de bronce en el Mundial Juvenil de Dodgeball, celebrado a inicios de este año en Calgary, Canadá.
Pero más allá del logro, lo que marcó el corazón de su madre fue lo que vivieron juntos durante ese proceso.
“Cuando fuimos a Canadá, fue una experiencia demasiado retroalimentadora en cuanto a la relación con Russell, porque fue el viaje, fue el entrenamiento, fue el juego; nos abrazamos, reímos, lloramos, y creo que eso nos fortalece, tanto en el deporte como en nuestra relación madre e hijo”, relató Neftalí.
En las victorias, en los fracasos y en los entrenamientos diarios, ambos han aprendido el uno del otro. Russell lo expresa con claridad: “La honestidad, la valentía y no rendirse” son, para él, los valores más importantes que ha aprendido.
Y Neftalí complementa esa enseñanza con su vivencia en la cancha: “Yo creo que sí son los tres básicos, porque a veces, cuando estás en el juego y estás demasiado cansada o sientes que es mucho, empiezas a sacar esa valentía. Yo volteo y él me dice: ‘Vamos, mamá’, y yo digo: ‘Pues vamos a darle, entonces’”, abundó.
Para Neftalí, su rol de madre siempre está por encima del de compañera de equipo.
“Antes de ser seleccionado, es mi hijo y yo lo amo (…) Posteriormente, cuando fue seleccionado, le dije que estaba plenamente orgullosa de él y que iba a tener todo mi apoyo en todo lo que se proponga”, recordó, destacando que su enfoque no se limita a lo deportivo, sino al joven que está formando.
Uno de los recuerdos más especiales ocurrió en el primer nacional de Russell. Pese a perder por un punto en una final muy cerrada, su hijo le dio una muestra de gratitud difícil de olvidar: “En el primer nacional ganó una medalla; estuvo un poco complejo porque al final perdieron por un solo punto. Él corrió a abrazarme, llorando, y me dijo: ‘Esta medalla es tuya’, y me la puso”, narra Neftalí, con la emoción aún fresca en su voz.

Y aunque el amor lo sostiene todo, el esfuerzo económico ha sido constante. “Para el camino al Mundial no tuvimos apoyo; entonces, hasta la fecha, tengo que estar trabajando en dos lugares para sostener los costos del deporte de mi hijo”, admitió la mamá de Russell, quien dijo que esto no solo lo hace por amor, sino también por convicción: porque cree en él y en su sueño.
Por su parte, Russell es consciente del valor de tener una madre como Neftalí a su lado: “Ella siempre me ha acompañado y me ha apoyado en todo lo que necesito”, afirma con una madurez poco común para su edad.
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Este lazo tan fuerte ha inspirado a Neftalí a enviar un mensaje a otras madres: “Que los sigan apoyando, que los dejen jugar, que no los exijan tanto, porque ellos saben lo que hacen; que les den la mano siempre y siempre tengan los brazos abiertos para ellos, cuando tengan una victoria o una derrota”. Palabras que resumen no solo su forma de criar, sino su forma de amar.
Hoy, madre e hijo se preparan para un nuevo reto, programado a mediados de mayo, en el que esperan forjar nuevas experiencias.
“Ya viene su nacional, va a ser mixto; ese es el mayor reto que ahora se acerca”, dijo Neftalí, sabiendo que, sin importar el resultado, ya han ganado lo más importante: un vínculo irrompible forjado entre lanzamientos, lágrimas, abrazos y victorias compartidas.
Y mientras Neftalí observa a su hijo crecer como jugador y como ser humano, encuentra en cada uno de sus pasos una razón para sentirse afortunada y celebrar de una forma diferente este 10 de mayo.
“Lo hace especial tenerlo en mi vida, el hecho de verlo jugar y de verlo feliz”, concluyó.
Y Russell, con palabras llenas de amor, lo resume todo: “Gracias por ser mi mamá, gracias por apoyarme”.
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