Pico de Tierra surge en Hidalgo como una respuesta a la necesidad de consumir alimentos más limpios, consolidando un modelo avícola que combina sanidad, control productivo y crecimiento sostenible en el mercado local
En los últimos años, la forma en que se producen y consumen los alimentos ha comenzado a transformarse, impulsada por una mayor conciencia sobre la salud y la calidad nutricional. En este contexto, Pico de Tierra representa un modelo emergente dentro del sector agropecuario hidalguense, donde la producción no solo responde a la demanda del mercado, sino a una convicción personal sobre lo que se debe consumir.
El proyecto, liderado por Teresita de Jesús López Hernández, tiene un origen atípico dentro del sector. No surge como una inversión planeada, sino como una necesidad derivada de la pandemia, cuando su familia decidió retomar el control de su alimentación. A partir de esta decisión, iniciaron con una pequeña producción de gallinas para autoconsumo, que con el tiempo evolucionó hacia una operación estructurada.
Te puede interesar: Permanecer en mercado exige coherencia operativa

Actualmente, Pico de Tierra ha escalado su capacidad a alrededor de 3,500 aves, distribuidas en distintos galpones que permiten un manejo ordenado por lotes. Esta segmentación no solo responde a un tema operativo, sino a una estrategia sanitaria que reduce riesgos y mejora el control sobre cada etapa del proceso productivo.
Uno de los rasgos distintivos del modelo es su enfoque en la sanidad y el bienestar animal. Las aves son alimentadas con insumos básicos como maíz quebrado, evitando prácticas que alteren la calidad del producto. A esto se suma un esquema de control que incluye vacunación, vitaminación y protocolos estrictos de acceso, con medidas diseñadas para evitar la introducción de agentes externos que comprometan la producción.
Te puede interesar: Impulsan torneo de golf con causa social
La operación también refleja una lógica de eficiencia. La recolección diaria, el proceso de limpieza y la clasificación permiten mantener un flujo constante de producto fresco. Cada unidad es organizada en sistemas de almacenamiento que facilitan su distribución, alcanzando mercados en Pachuca, Atotonilco el Grande y Omitlán.
Sin embargo, el crecimiento no ha estado exento de complejidad. La crianza de aves implica variables que van desde el comportamiento natural de las gallinas hasta factores ambientales como temperatura y humedad. El aprendizaje sobre estas dinámicas ha sido parte fundamental del desarrollo del proyecto, obligando a una mejora continua en los procesos.
Te puede interesar: Carsline pachuca: vanguardia y movilidad
Más allá de lo técnico, Pico de Tierra se sostiene sobre un principio que redefine su propuesta: producir bajo los mismos estándares con los que se alimenta la propia familia. Este enfoque genera una conexión directa con el consumidor, al ofrecer un producto que no se concibe como mercancía masiva, sino como alimento confiable.
En términos de proyección, el modelo apunta a consolidar su presencia en el mercado regional, fortaleciendo su capacidad operativa sin perder el control sobre la calidad. La prioridad no es únicamente crecer en volumen, sino mantener un equilibrio entre producción, sanidad y confianza.
Suscríbete a Criterio Hidalgo y conoce nuestros contenidos exclusivos https://suscripciones.criteriohidalgo.com/planes