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Innovando sin tecnología


A inicios de marzo de 2020, los estudiantes y docentes en gran parte del país tuvimos que irnos a confinamiento a causa de la pandemia. Nunca pensamos que fuera a durar tanto y que, gracias a un gran esfuerzo por parte de las comunidades académicas, como fue el caso del Tec de Monterrey, en un corto tiempo se hubiera podido capacitar a todas y todos los docentes en el uso de herramientas de comunicación como Zoom, Google Meet, WebEx, entre muchos otros y así poder continuar con las clases en línea.

Sin duda, esta labor ha sido muy retadora, pues además de aprender a hacer grupos, activar y desactivar cámaras y micrófonos para participar evitando los ya “bochornosos” momentos como los que se han compartido en las redes, también se tuvo que hacer uso de un gran número de aplicaciones y herramientas educativas que permitieran llevar a cabo clases más atractivas, además de gestionar el gran número de horas que tanto estudiantes como maestros pasaban sentados frente a la computadora. Esto se volvió cada vez más monótono para algunos y para otros un gran alivio al no convivir físicamente en un aula tradicional.

Recuerdo una conversación que tuve con un profesor extranjero antes de la pandemia cuando lo invité a hacer uso de algunas técnicas didácticas y herramientas tecnológicas para su clase y cuya respuesta me sorprendió pues me dijo: “he dado clases en varias universidades del mundo y es la primera vez que veo que en Latinoamérica, el profesor tiene que atraer la atención de los estudiantes cuando es responsabilidad del alumno venir a estudiar”.

Sin duda hay mucha razón en ello; sin embargo, llegamos a la conclusión que, hoy por hoy, la labor docente debiera estar enfocada en “volver a despertar en el estudiante su capacidad de asombro” y esto no necesariamente se logra con tecnología.

Ahora que regresamos a la presencialidad en las aulas, con todas las restricciones que esto conlleva, desde adaptar los salones con tecnología, reduciendo el aforo y siguiendo los protocolos sanitarios, nos hemos dado cuenta la gran necesidad de relacionarnos y convivir, pues hoy las escuelas tienen vida otra vez y dejando a un lado, aunque sea por algunas clases, el uso de la computadora y smartphones, entendemos que “cuando más limitados estamos es cuando más creativos somos” y podemos innovar volviendo al clásico pizarrón, aplicando aprendizaje basado en juegos, clases en los jardines al aire libre, lo cual nos permitirá valorar lo que hemos pasado hasta ahora como profesores, estudiantes y padres de familia.

Colaboración especial:  Enrique Arrieta Cervantes

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