Desde las imponentes estructuras de piedra de Actopan hasta los paisajes boscosos de Mineral del Chico, la entidad invita a descubrir los rincones clave de la evangelización del siglo XVI

Esta Semana Santa es un buen pretexto para conocer las edificaciones religiosas más importantes de Hidalgo | Fotos: Especial
Explorar Hidalgo es, entre otras cosas, realizar un viaje al corazón de la arquitectura virreinal y la espiritualidad, especialmente ahora que inician las vacaciones de Semana Santa y, con ello, el impulso del turismo religioso.
Desde las imponentes estructuras de piedra hasta los rincones más coloridos de la montaña, estos sitios, que conforman parte de la identidad cristiana de la entidad, invitan a sus visitantes a descubrir la historia viva de México.
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Este recinto agustino, fundado en 1546, impresiona por su imponente torre campanario y sus murales de estilo renacentista y manierista. Los paseantes pueden admirar la famosa capilla abierta, una de las más grandes y espectaculares de Hidalgo y América, además de disfrutar de la gastronomía local, como la tradicional barbacoa y el ximbó, tras recorrer sus claustros llenos de leyendas.

Punto clave en el antiguo Camino Real de Tierra Adentro, este sitio destaca por su fachada austera pero elegante, característica de la orden franciscana. Su historia está ligada a la evangelización de las culturas otomí y náhuatl que convergían en esta zona de Hidalgo. Hoy en día es un sitio ideal para el turismo cultural, donde se puede apreciar la integración de elementos indígenas en la decoración arquitectónica y disfrutar del clima templado del valle.

Este lugar es históricamente invaluable, ya que fue aquí donde fray Bernardino de Sahagún inició las investigaciones para su Historia general de las cosas de la Nueva España, trabajando junto a informantes indígenas. El conjunto conserva restos de un acueducto y una caja de agua decorada con relieves prehispánicos.

Enclavada en la Sierra Alta de Hidalgo, esta iglesia destaca por su ubicación privilegiada sobre una loma que domina el paisaje neblinoso. Su construcción, iniciada por los agustinos en el siglo XVI, conserva un aire de fortaleza medieval; los viajeros suelen visitarla para admirar su retablo, así como la espadaña que la caracteriza. Después de visitarla, se puede hacer senderismo en sus cerros, combinando el fervor religioso con el ecoturismo.

Más allá de su estructura arquitectónica, este municipio se vuelve el centro de una de las tradiciones más conocidas y sabrosas de Hidalgo como lo es su muestra gastronómica. El templo, dedicado al apóstol Santiago, sirve como marco para procesiones y fiestas patronales, donde el aroma a flores y copal se mezcla con los sabores del Valle del Mezquital, ofreciendo una experiencia sensorial única que une la fe con la tierra.

Ubicado en la espectacular Vega de Metztitlán, este recinto agustino parece una fortaleza que emerge de la tierra. Su retablo principal es una obra maestra del barroco y sus pinturas murales detallan la vida de los santos con una técnica impresionante. La actividad principal aquí es el turismo contemplativo, admirando cómo la arquitectura se funde con el paisaje de cactáceas y acantilados que rodean este Pueblo con Sabor.

Este edificio es famoso por albergar algunos de los murales más coloridos de Hidalgo y mejor conservados del siglo XVI, que muestran escenas religiosas con una estética indígena vibrante. Al estar cerca del acueducto del Padre Tembleque —Patrimonio de la Humanidad de la Unesco—, el sitio es una parada obligatoria para los amantes de la historia que desean conocer el sistema de haciendas pulqueras y la ingeniería hidráulica virreinal.

Rodeada por los bosques de pino y oyamel del primer Parque Nacional de México, esta construcción destaca por su fachada de cantera y su ambiente místico cuando la neblina baja hasta sus puertas. Además, durante el último día de la Semana Santa se realiza la Lluvia de Pétalos, imperdible en el turismo religioso de Hidalgo. Y para acrecentar la experiencia, El Chico es un destino predilecto para los amantes de la fotografía y el senderismo.

Este templo es el escenario de una de las tradiciones más bellas de Hidalgo: los tapetes de aserrín coloreado que cubren las calles durante las festividades de mayo. Es el centro de una comunidad que mantiene vivos los rituales de las culturas originarias. Los visitantes pueden disfrutar de la tranquilidad del pueblo, comprar textiles artesanales, así como probar los ricos molotes.
Además de estos sitios, Hidalgo cuenta con más destinos turísticos religiosos para conocer y disfrutar de su historia y arquitectura, de la que vale la pena agregar la Basílica Menor de Nuestra Señora de Guadalupe, en Pachuca, sitio obligado de encuentro en las festividades relacionadas con el cristianismo.
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