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Fin de Semana

Festín yucateco


Cálido, colorido y exquisito, así es Yucatán. El apetito por devorar cada rincón del estado se despierta con tan solo observar las fachadas de sus templos, conventos y haciendas —muchas de ellas parecen haberse ataviado a tono con el axiote o el chile habanero—, y el hambre aumenta al percibir los aromas de la naranja agria, la cebolla morada, los papadzules y la cochinita pibil.

Se antoja delinear un itinerario gastronómico para saborear, tanto las delicias de los mercados y restaurantes tradicionales que preservan las recetas de las abuelas, como las cocinas de autor que, utilizando ingredientes de la región, hacen uso de las técnicas de vanguardia.

Festín yucateco
Festín yucateco

A las tentaciones culinarias hay que añadir la belleza de sus playas y puertos, así como la riqueza que guardan sus reservas ecológicas y zonas arqueológicas. Muchos optan por testificar la grandeza de Chichén Itzá, una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, y otros se sienten atraídos por sitios como Dzibilchaltún o Uxmal. La idea es que todos los viajeros tengan la oportunidad de hilvanar una ruta en la que los conventos, los cenotes, las plazas y los parques hagan las veces de las coloridas madejas que llenan de vida los huipiles, y que nadie se vaya sin hospedarse en alguno de sus hoteles boutique o señoriales haciendas. En muchas de estas últimas se oye el eco del esplendor ganadero y henequenero, y hoy son escenarios perfectos para celebrar las llamadas “bodas destino”.

En un estado donde el termómetro marca altas temperaturas hay que calmar la sed con agua de chaya, para luego pasear por alguno de los cuatro poblados que son tan mágicos como su oferta turística: Izamal, Maní, Sisal y Valladolid.

Festín yucateco
Festín yucateco

Vestida de amarillo ocre, Izamal, también llamada Ciudad de las Tres Culturas, invita a pasear por sus calles a bordo de una calesa, para luego admirar el exconvento de San Antonio de Padua que los misioneros franciscanos construyeron.

Quienes desean andar por un sitio en el que parece que el tiempo se detuvo deben ir a Maní. Ahí destacan el exconvento de San Miguel Arcángel, la producción de miel melipona y una delicia asada al carbón llamada poc chuc. Además, fue nombrada como Best Tourism Village por parte de la OMT.

Patricia Miranda I Agencia Reforma

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