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Fin de Semana

“Acuérdate de Acapulco…”


Es el puerto de los atardeceres rojos y las madrugadas de luces tintineantes que se reflejan sobre el Pacífico. Ahí también está una icónica bahía que ha arrebatado suspiros a viajeros mexicanos y extranjeros.

Su brisa está impregnada de nostalgia. Más de uno disfrutó de cálidos veranos en compañía de sus padres y abuelos y también, hay que decirlo, para muchos, es el destino donde sucedieron varias de sus primeras veces.

Si Acapulco hablara, nos contaría que fue la ventana por la que el turismo internacional se asomó a México. Nos narraría historias que fueron protagonizadas por el jet set y también saldría a flote su intensa vida nocturna.

Además de su bondadoso clima, playas bañadas tanto por aguas mansas como de más alto oleaje y opciones de hospedaje para todo tipo de presupuesto, Acapulco presume tres zonas turísticas: la Tradicional, la Dorada y la Diamante. Ya le tocará al viajero decidir si come en un lujoso restaurante o en alguno que sirva delicias locales a pie de playa.

Hay quienes optan por tener una primera panorámica del destino abordando un yate que les permita reconocer, desde el mar esas playas y hoteles que se volvieron protagonistas de tarjetas postales. Otros deciden presenciar el espectáculo de La Quebrada o hacer paddle boarging, cerca de la Isla de la Roqueta.

Disfrutar de las tranquilas aguas de la bahía de Puerto Marqués y maridar la visita con un ceviche, un coctel vuelve a la vida y agua de coco, también es otra opción.

Los más intrépidos se animan a practicar surf en playa Bonfil y no falta quien decide ir a probar la famosa Botana 118, en el restaurante Las Gaviotas II.

Sin embargo, quienes llegan a Acapulco para probar el plato insignia -el pescado a la talla- van al sitio que lo vio nacer: Barra Vieja. Descansar o pasear por la Laguna de Tres Palos está entre las alternativas.

Sitios para ver caer el Sol hay varios, pero uno que hace sentir como una celebridad es el que se observa desde el bar Sunset y el restaurante Bella Vista, ambos en Las Brisas Acapulco. Este icónico hotel vio pasar a grandes personalidades, como Frank Sinatra, John F. Kennedy y Ralph Lauren, entre otras.

Nada como tomar una margarita rosa o un brisas briss (preparado con ron, whiskey, jugo de piña y granadina) mientras ves el ocaso… Te llevarás ese recuerdo y seguramente, algún día, tararearás aquella canción de Agustín Lara y te acordarás de ese Acapulco mágico.

 

Nayeli Estrada I Agencia Reforma

 

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