Pierden el poder desde campaña

Bajo la figura de un candidato ajeno al tricolor, el PRI no pudo mantener el poder que había recuperado hace seis años.

Por tercera vez perdió la Presidencia de la República, esta vez, en manos de Andrés Manuel López Obrador.

Y no sólo eso. De acuerdo con el Programa de Resultados Preliminares, el candidato priista se colocaba ayer en el tercer lugar de las preferencias, y el PRI tenía posibilidades de ganar sólo una de las 9 gubernaturas en juego.

Un resultado aparentemente previsible tras una campaña que no logró conectar con la ciudadanía, un candidato que no pudo acercarse a su partido, y un PRI que no pudo hacer suyo su abanderado presidencial.

José Antonio Meade se convirtió en el candidato priista después de un proceso de elección que lo desgastó.

El PRI modificó sus estatutos para poder postular a su primer candidato no militante, lo que generó el descontento del priismo tradicional, que se sintió relegado.

En su intento por reforzar su imagen de candidato ciudadano, Meade se alejó del partido, por eso evitó vestir el chaleco rojo característico del partido y fueron contadas las ocasiones en las que se dejó ver en público acompañado por priistas.

En medio de ese desgaste, el candidato priista inició su campaña bajo la presidencia de Enrique Ochoa Reza, quien asumió un discurso de confrontación que lo afectó.

Por ejemplo, Ochoa Reza llamó “prietos” a quienes decidieron apoyar a López Obrador.

El distanciamiento entre el candidato y el partido le permitió a corrientes internas que planteaban un cambio de fondo en el PRI, resurgir con más fuerza.

Democrática Interna, liderada por el ex Gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz demandó la renuncia del coordinador de campaña de Meade, Aurelio Nuño.

Finalmente, Ochoa Reza fue removido el 4 de mayo. Y en un intento por llevar a cabo una “operación cicatriz”, René Juárez Cisneros, considerado un exitoso operador priista, tomó el mando del partido.

Juárez Cisneros llegó con un nuevo discurso: el de la unidad.

Pero a pesar de sus esfuerzos, la campaña de Meade no logró despuntar. Sus discursos se enfocaron en atacar al candidato morenista, y en la recta final, impulsaron una estrategia que pretendía colocarlo en el segundo lugar de las preferencias electorales.

Meade tampoco logró acercarse al priismo, y el priismo no logró verlo como su candidato.

Y eso quedó de manifiesto hasta el último momento. A la conferencia en la que Meade reconoció su derrota no asistieron los priistas de cepa, como Juárez Cisneros, sino el equipo compacto de Meade: Vanessa Rubio, Aurelio Nuño, Luis Madrazo, entre otros.

Finalmente, el Programa de Resultados Preliminares confirmó aquello que los priistas se esforzaron tanto en negar: en el tercer lugar de las preferencias electorales, el PRI perdió por tercera ocasión la presidencia de la República.

En palabras de Juárez Cisneros, el presidente emergente del tricolor, lo único que le queda al partido es convocar a una profunda reflexión que les permita entender por qué la confianza ciudadana los abandonó en el marco de la campaña más grande en la historia del País.

Cuando René Juárez Cisneros llegó ayer al templete colocado en la sala de prensa de la sede nacional del PRI, la sonrisa que mostró desde que asumió la dirigencia del partido, el 2 de mayo, se había esfumado.

 

Martha Martínez
Agencia Reforma

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