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Hace (7) meses
Una historia para conmemorar en septiembre
Victor Rodríguez Gaona
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Conocí el castillo de Chapultepec a los 13 años teniendo prácticamente la edad de Francisco Márquez, el cadete más joven de los llamados niños héroes. Recuerdo ese ambiente antiguo y el indescriptible aroma que derramaba caudales de Historia al resaltar los elementos legendarios de nuestro país. Entre emoción, asombro y la magnífica exposición del guía rescato una de las experiencias más importantes de mi vida además de disfrutar el esplendor del castillo. En la escuela nos pedían cada año la lámina de los niños héroes y algunos maestros solicitaban como tarea copiar a mano lo descrito ahí. Con el paso de los años escuche versiones distorsionadas de nuestros niños héroes algunas muy grotescas y otras casi imposibles de creer, pero para buena fortuna y gracias a reconocidos historiadores como J. D. Eisenhower sabemos que debemos sentirnos orgullosos de ellos y cito “el general Bravo entregó su espada, tachonada de piedras preciosas. Pero no logró que se rindieran seis de sus jóvenes cadetes, los cuales prefirieron morir. Uno de aquellos muchachos, con la bandera mexicana en los brazos, perdió la vida al arrojarse del muro”.
Cuando leemos estas verdades ponemos fin a las desatinadas narrativas que dicen que no existieron, que estaban en estado inconveniente o que huyeron. También caen por su propio peso aquellas publicaciones que únicamente pretenden desestimar el valor de ellos preguntándose si Juan Escutia tropezó o no con la bandera; aquí el hecho contundente es que aquellos jóvenes tuvieron las agallas de enfrentarse al ejército invasor a pesar de que tenían la orden de no enfrentar al enemigo y heroicamente la desobedecieron. Entonces nos embarga un sentimiento de amor, nostalgia y admiración y dan ganas de exclamar sus nombres y decir a los cuatro vientos que no los olvidaremos jamás. Solo de imaginar ese momento y estar conscientes de que aquellos cadetes eran la última línea de defensa y que en lugar de huir o rendirse dieron sus vidas por nuestro país se me eriza la piel. Es importante decirles que los historiadores han descubierto que nuestros niños héroes no fueron los únicos en esa batalla pues se habla de más de 50 cadetes y 600 soldados, a ellos mi mayor agradecimiento.
Con este artículo es mi deseo personal hacer un reconocimiento fuera de las tradicionales ceremonias cívicas en las que muchas veces se pronuncia un discurso sin emoción ni eco alguno, pretendo despertar en todas las generaciones ese orgullo nacionalista y que estemos seguros que nadie nos puede quitar el gran privilegio de ser mexicanos, de nacer en esta tierra y que dentro de cada joven de nuestra nación vive un Juan Escutia, un Vicente Suárez, un Fernando Montes de Oca, un Francisco Márquez, un Agustín Melgar y un Juan de la Barrera.
¡Que viva México!

 

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