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Hace (4) meses
Una historia de Navidad
Victor Rodríguez Gaona
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Detrás de la pequeña ventana empañada por el agradable calor de hogar que ahí se respiraba Felipe miraba como las hojas de la palmera se movían de un lado a otro un poco aburrido pues su mamá le había prohibido ver la televisión por más de dos horas las cuales ya habían pasado. El pequeñín de tres años no había querido que le leyeran el Cuento de Navidad de Dickens. Con su tierna mirada que conquista a cualquiera, se asomaba buscando que algo pasara para entretenerse. En eso una ráfaga de luz en el firmamento iluminó y coincidió en detenerse frente a una estrella que podía distinguirse casi a simple vista. Sorprendido exclamó: ¡Mamá! ¡mamá! Una luz se mueve y es Santa Coss! -exclamó el pequeño que aún no pronunciaba correctamente Claus. ¡Santa, Santa! Voy a dormir –dijo. Su madre corrió a ver lo descrito por el pequeño y para su sorpresa una luz en el cielo brillaba de forma hermosa, para esto Felipe ya se había subido a la cama con todo y zapatos.
-¡Felipe! -exclamo la mamá. -¿Por qué te subiste con zapatos? ¡Las sábanas las acabo de cambiar!
El niño respondió:
-Es que si no me ve acostado Santa no me va a dejar regalo -dijo el pequeño con su voz entre cortada. -Ok, pero quítate los zapatos -dijo la mamá.
-Felipe para que Santa venga debes dormirte, si te ve despierto no va a venir. ¿Ok?
-¡Sí me duermo!, -dijo Felipe
Así con el frio decembrino la mamá abrazó a su pequeño y al cabo de unos minutos ambos se quedaron dormidos.
-¡¡PAK!! ¿Que fue eso? -exclamó asustada la mamá.
-¡¡SHHH!! Es Santa mamá, no hagas ruido -dijo Felipe.
Y una luz ilumino el pasillo como si se tratara de un faro. La mamá entre miedo y asombro se aferró al pequeño Felipe y ambos se cubrieron la cara con la cobija.
¿Qué será? Se pregunto en silencio la mamá.
En eso una voz con un raro acento pregunto:
-¿Van a salir de su cama o no?
La mamá preocupada se cuestionaba en silencio ¿Quién se habrá metido a la casa?… así que tomó el primer objeto que tenía a la mano para defenderse. Felipe por su parte con mucha confianza le dijo: -¡Mamá, cálmate, no temas! ¡Es Santa!, ¡Vamos, vamos!
-Tú espérame aquí, voy a ver que está pasando -dijo con miedo la mamá.
El asombro fue indescriptible, frente a sus ojos una silueta humana de una especie de fuego azul.
En eso una voz dijo:
-No temas, soy el espíritu de tu primer antepasado tuyo y de tu hijo.
Para esto Felipe ya estaba paradito junto a su mamá asombrado también.
El espíritu continuó hablando:
-Vengo a entregarles un regalo que no tiene nada que ver con dinero ni ninguna cosa material, pero si lo saben usar les dará el mayor tesoro de todos. Acérquense los dos no teman, les entregaré el siguiente presente, pero deben ponerme toda la atención.
Se trata del siguiente aforismo el cual les dará la mayor riqueza. El espíritu levantó su brazo derecho y como si se tratará de una bendición con voz firme y directa exclamó:
“Con fuerza me levantaré todos los días por el bien de mis descendientes porque se que mis ascendientes hicieron lo mismo por mí, jamás renegaré del pan que con esfuerzo llega a mi mesa, lucharé por las cosas reales, no soñaré de más para no frustrarme porque lo más hermoso ya lo tengo y lo conservaré”.
El espíritu después de pronunciar las palabras
les aconsejó:
-Si ustedes verdaderamente creen en el poder del aforismo serán siempre felices.
Después el espíritu se desvaneció.
Acto seguido sin decir una palabra la mamá y el niño se acostaron quedándose dormidos con una tranquilidad indescriptible. Al día siguiente el papá les dijo: -¡Buenos días dormilones! Ayer que llegué del trabajo no los quise despertar ¿cómo amanecieron?
Felipe le dijo:
-Papá, tengo el tesoro más grande, el mas hermoso, Y ese es mi familia.
El papá sonrió mirando a su esposa e hijo con amor y se abrazaron los tres.

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