No es ningún secreto que nuestro sistema electoral lleva muchos años atrasado, tecnológicamente hablando, en lo que realmente importa, el cómo votamos y cómo contamos esos votos.

No es ningún secreto que nuestro sistema electoral lleva muchos años atrasado, tecnológicamente hablando, en lo que realmente importa, el cómo votamos y cómo contamos esos votos.
Mientras que millones de personas en México realizan trámites, consultas, transferencias y compras a través de internet, donde confían su dinero a una aplicación móvil del banco de su preferencia, al mismo tiempo por lo que hace al ejercicio del derecho al voto, lo seguimos haciendo como hace más de 50 años.
Imagina regresar medio siglo en lo que se refiere a las transacciones bancarias, te encontrarías solo con cheques, efectivo, libretas de ahorro – sí, literalmente una libreta –, filas en sucursales, prácticamente sin cajeros automáticos o tarjetas de débito o crédito y trasferencias electrónicas solo para grandes empresas o entre bancos. El cambio en ese tema ha sido abismal, hoy prácticamente todos tus pagos y cobros son digitales, ir a la sucursal bancaria es cada vez menos frecuente y necesario. Pregúntale a una persona de 18 años si sabe llenar un cheque.
Ahora hagamos el mismo ejercicio en el esquema de votación en las elecciones en México. Imagina regresar ese mismo medio siglo a una jornada electoral mexicana: nos encontraríamos con que el ciudadano acude físicamente a su casilla, le entregan su boleta de papel y marca la opción de su preferencia, dobla la boleta y la mete a una urna física en presencia de las y los funcionarios de esa casilla.
Al cerrar la votación, el funcionariado de esa casilla saca las boletas convertidas ya en votos, los cuentan manualmente, los clasifican con la ayuda de un “mantel”, los asientan en un acta (a mano, claro) y publican en un cartel los resultados. Así, con todos los votos contados, ese paquete electoral se va a la oficina de la autoridad electoral correspondiente y esta hace la sumatoria de todas las secciones.
Regresemos a nuestro 2025, y bueno, los cambios electorales en 50 años se centraron – y qué bueno – en la autonomía de la autoridad electoral, en su ciudadanización, en mayores libertades políticas y en un fortalecimiento indiscutible al régimen de partidos, eso no está en duda, pero el desarrollo tecnológico se quedó estancado, ¡el procedimiento de votación y de conteo de votos, hoy, es en esencia el mismo que el de hace medio siglo!, lo cual no se debe a falta de herramientas digitales seguras, sino al velo de desconfianza con el que nuestro sistema electoral sigue vistiendo en cada proceso electoral.
Entonces, la gran reforma electoral que México necesita debe estar dirigida hacia la modernización del procedimiento de votación, a través de internet o del voto electrónico en la casilla, donde se ahorraría tiempo y dinero en la manufactura de las boletas de papel seguridad y el conteo y clasificación de los votos, lo que nos daría resultados electorales confiables, baratos y rápidos.
Pareciera la idea del siglo, pero no es algo que estemos descubriendo en este Espacio Abierto, es algo ya muy estudiado, muy hablado e incluso muy probado, ejemplos exitosos a nivel local y pruebas piloto a nivel nacional de las autoridades electorales dan cuenta que el voto electrónico es posible con los estándares de seguridad y confiabilidad que tiene el voto físico.
Lo que debemos empezar a modernizar es nuestro pensamiento, la ley desde luego y los conceptos que tenemos de confiabilidad, para que la tecnología sea el gran impulso que necesita nuestra democracia y que las nuevas generaciones se merecen y ya necesitan.
¡Recibe las noticias al momento en tu Whatsapp! Únete a nuestro Canal: https://bit.ly/3S0OztH