Nahle cree que lo que dice es la verdad y nadie debería refutarla. Chávez se embriaga con un poder que no ostenta aún. Y el otro briago es Emanuel Hernández, quien se deja llevar por su cargo como presidente municipal…

En recientes días se han dado a conocer dos casos cuya máxima frase y que quedó grabada en la memoria colectiva para la posteridad es, precisamente, “Les guste o no”.
El primero corresponde a la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, quien luego de ser cuestionada por los medios de comunicación sobre el probable asesinato de Irma Hernández, exmaestra y taxista, aseguró que la víctima había fallecido por un ataque al corazón. Cerró su declaración con un frío y deshumanizado “les guste o no”.
Apenas el lunes la fiscalía de ese estado confirmó que la causa de muerte de Irma fue tortura. Y es que la otrora maestra fue secuestrada por un grupo delincuencial de esa entidad, que les obligaba a los taxistas a pagar un derecho de piso. Ella, al negarse, fue entonces asesinada. Sus declaraciones quedaron grabadas en un video, con el grupo delictivo detrás de ella, en el que pedía a sus compañeros taxistas pagar la cuota si no querían sufrir su destino.
Tras hallar su cadáver en un paraje abandonado y cuestionada al respecto, la gobernadora Rocío Nahle fríamente dijo a los medios de comunicación “les guste o no”, falleció por un ataque al corazón. Lo que, insisto, fue negado por la fiscalía de esa entidad a inicios de esta semana.
Otra que también destacó por esa frasecita fue la senadora suplente de Oaxaca Nataly Chávez García, quien tras evadir un operativo alcoholímetro fue grabada en un video que se hizo viral en el que asegura que por ser legisladora federal suplente no se le puede inspeccionar su unidad y remata con un “les guste o no”.
En evidente estado de ebriedad, le guste o no, la senadora suplente, quien ni siquiera ha asumido el cargo, se excedió de sus atribuciones y lo que quedó grabado en video fue un intento de sobrepasar la ley con la excusa del fuero que la constitución les entrega a los legisladores.
A nivel estatal quien no ha pronunciado esas palabras mágicas, pero no le falta la inspiración, es el alcalde de Ixmiquilpan, Emanuel Hernández, quien fue visto zangoloteado por una turba durante la feria de ese municipio y, además, bailando también en estado de ebriedad y con una cerveza en la cabeza.
Esos tres políticos emanados del partido en el poder, Morena, deberían replantearse la idea de trabajar en el servicio público, pues se enferman de poder.
Nahle cree que lo que dice es la verdad y nadie debería refutarla. Chávez se embriaga con un poder que no ostenta aún. Y el otro briago es Emanuel Hernández, quien se deja llevar por su cargo como presidente municipal y
—aunque todos tenemos derecho a divertirnos y a tomarnos una cerveza y hasta a bailar con ella en la cabeza— no debe olvidar que es la persona responsable de administrar un municipio, no un adolescente que se divierte en una fiesta patronal que él mismo organiza.
Les guste o no se ha convertido en el mantra favorito de los morenistas. Lo replican hasta el cansancio y se lo creen solo ellos. Han sobrepasado las leyes, han ocultado y desaparecido a las instituciones que nos daban garantía de la transparencia a los mexicanos. Les guste o no, desde la trinchera del periodismo siempre estaremos para observarlos, para criticar su actuar en el ejercicio público y para exhibir sus fechorías. Porque olvidan lo que su presidenta Claudia Sheinbaum ha pregonado para justificar la desfachatez de otros: “El poder se ejerce con humildad”, pero ellos lo reinterpretan y parece que les dijeron “La humildad desaparece con el poder”. Les guste o no.
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