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Hace (4) meses
El muy antiguo fervor guadalupano en Pachuca
Trece años de labor periodística de Criterio
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Al Pbro. Tomas Roque, mantenedor
del culto guadalupano en Pachuca

No se tiene noticia exacta sobre el inicio del culto guadalupano en esta la otrora “muy noble y muy leal ciudad de Nuestra Señora de la Asunción y Real de Minas Pachuca”, el dato más antiguo procede del año de 1689, derivado de un documento hallado por el historiador José Vergara en el Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Hidalgo, relativo a la construcción —ya muy adelantada— de un pequeño templo, ubicado al poniente de la población, en el que se rendiría culto a virgen aparecida a San Juan Diego en diciembre de 1531, 10 años después de consumada la conquista.
Para entender la razón de aquella construcción el propio José Vergara señala que fue el resultado de diversas manifestaciones que desde finales del siglo XVI y principios del diecisiete XVII revelaba ya la profunda devoción de los pachuqueños hacia la guadalupana, que dicho sea de paso, mucho coadyuvó a fortalecer el americanismo entre los ya muchos mestizos y diversas etnias existentes en Nueva España, como lo afirmó Fray Servando Teresa de Mier en su célebre sermón del 12 de diciembre de 1794, que lo llevaría a la postre a la primera de muchas aprensiones.
La capilla aludida por Vergara fue levantaba en las en las faldas del cerro de San Cristóbal, al pie de un minúsculo accidente orográfico conocido como Cuixi —que muchos conocimos como el cerrito de la astabandera—, sitio ubicado en los entonces límites del Barrio de la Granda, uno de los más populosos de Pachuca en aquellos años, habitado por decena de familias mineras.
Fue en 1725, tras obtener los permisos y licencias reales y eclesiásticas que los frailes de la orden hospitalaria de San Juan de Dios inician en el ala sur de la capilla guadalupana la construcción del primer nosocomio de la comarca, en un terreno ubicado en el ala sur de la capilla de referencia en un terreno propiedad del capitán de Milicias, acantonado en la Sierra de Metztitlán, don Martín Luzón y Ahumada —padre de uno de los integrantes de la orden Juanina—, que formaba parte de su patrimonio desde 1699 y había logrado alguna plusvalía a raíz de la construcción del santuario guadalupano.


Por los datos que se conocen, debido a la pobreza, tamaño y estado en que se encontraba la primitiva capilla de Nuestra Señora de Guadalupe “no tardaron los Juaninos en derribarla y sustituirla por una de mayor tamaño y suntuosidad”, que se edificó con gran rapidez, como se desprende una noticia contenida en la Gazeta (sic) de México, de marzo de 1728, tres años después de la llegada de la orden hospitalaria, que a la letra dice: “Avisan hallarse muy adelantada la fábrica de la nueva iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, y fundación del Hospital de San Juan de Dios y haberse celebrado su día con la solemnidad posible, que corrió a cuenta de la religión de San Agustín siendo el orador el R. P. lector jubilado Juan de Sevilla, Prior del Convento de Epazoyucan”.
Fue a partir de aquel año, 1728, que el nuevo templo, más amplio y dignamente ornamentado en sus interiores y en el exterior todo dentro del estilo barroco predomínate; se convirtió en el principal recinto de culto guadalupano, no solo de esta comarca, sino de otras muchas que peregrinaban cada 12 de diciembre a visitar a la Morenita del Tepeyac, como se asienta en diversas noticias de aquellos años y otros posteriores.
Prácticamente un siglo después, tras la desaparición de las ordenes hospitalarias por disposición de la Constitución de Cádiz, el convento juanino fue clausurado, aunque existen noticias de continuó abierto para algunos menesteres sanitarios hasta 1834, pero no así el templo que permaneció abierto hasta mediados del siglo XIX, seguramente a cargo de la parroquia de la Asunción, pero en esa década debido a los cambios experimentados por el edificio del hospital, el templo cerró definitivamente.
En febrero de 1869, el gobernador Doria entregó a la Sociedad Protectora de Educación Secundaria, impulsora de la creación del Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios anexa a dicho plantel, las instalaciones del antiguo nosocomio Juanino y el templo, que para entonces se encontraba en completo estado de abandono. Tras seis años de adaptaciones, el inmueble fue ocupado por el instituto en febrero de 1875.
En principio la nave de la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe sirvió como bodega del plantel, más tarde a principios del siglo XX, tras colocar un entrepiso, se estableció en la parte alta el museo de mineralogía y los talleres de carpintería escolar, en tanto que en la plata baja se acondicionó un gran salón de actos mismo que, en 1919, recibió el nombre del ingeniero Baltasar Muñoz Lumbier, que conserva hasta la fecha ya totalmente restablecida la nave del antiguo templo.
Entre 1988 y 1990 tuve el privilegio de rescatar las fachadas principal —que ve hacia la calle de Abasolo— y lateral —que mira hacia el emblemático jardín de la Garza—, en las que se encuentra esculpido el momento en que Juan Diego tiende su tilma llena de rosas de castilla.
El culto guadalupano continuó en la pequeña ermita del camino a México —hoy avenida Juárez—, elevada a parroquia el 1 de enero de 1923 y transformada en Basílica Menor a partir de 2004. La Imagen corresponde la actual Basílica Guadalupana de Pachuca.

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