Durante mucho tiempo creí que los adagios populares eran verdades absolutas, hasta que, en una edición de Selecciones, leí una reflexión que me cambió la perspectiva: siempre existen al menos dos puntos de vista

José Raquel Badillo
Durante mucho tiempo creí que los adagios populares eran verdades absolutas, hasta que, en una edición de Selecciones, leí una reflexión que me cambió la perspectiva: siempre existen al menos dos puntos de vista. Desde entonces, he aprendido a desconfiar de las sentencias categóricas, sobre todo en el ámbito político, donde la realidad suele ser más compleja de lo que aparenta.
Ayer, la ciudad de Pachuca vivió un caos vial provocado por una manifestación que trastocó la rutina de miles de automovilistas. La protesta, según se supo, fue organizada en apoyo a Armando Mera y otros miembros del Partido del Trabajo (PT) actualmente en prisión. Sin embargo, los manifestantes también aprovecharon la ocasión para exigir la revocación del mandato del gobernador. Dos causas distintas, articuladas desde un mismo movimiento, con una agenda más política que ciudadana.
A nivel nacional, el PT ha impulsado foros en los que ha descalificado públicamente a quien alguna vez fue uno de sus referentes: Gerardo Fernández Noroña. Él, por su parte, ha manifestado con amargura su desencanto, como si la fortuna le hubiera dado la espalda desde que abandonó su característico lenguaje —pedorro—. Esta dinámica ilustra lo volátil de las lealtades partidistas y lo endeble de los compromisos ideológicos cuando priman los intereses facciosos.
La desconexión entre la política y el sentir ciudadano se hace cada vez más evidente. Recientemente, fue detenido el alcalde de Teuchitlán, Jalisco —militante de Movimiento Ciudadano— por presuntos vínculos con el rancho Izaguirre. Sin embargo, Jorge Álvarez Máynez, excandidato presidencial de ese partido, no ha emitido declaración alguna. ¿Dónde queda el respeto, no ya a la militancia, sino a los votantes que confiaron en él? ¿Acaso resulta tan costoso deslindarse públicamente de un presunto delincuente?
En el PRI la situación no es más alentadora. Su dirigencia parece apostar a que la militancia continúe menguando, en una estrategia que busca preservar no los principios ideológicos del partido, sino sus activos inmobiliarios, susceptibles de ser liquidados para cubrir deudas. No faltan quienes sospechan que dichos compromisos financieros fueron deliberadamente inflados, con el objetivo de beneficiarse los moches.
En Sinaloa, hace apenas unos meses, la ciudadanía expresó su hartazgo frente a la violencia y, entre otras demandas, exigió la revocación del mandato del gobernador. No obstante, al llegar el tema al Congreso local, la mayoría morenista cerró filas en defensa del Ejecutivo estatal, diluyendo el reclamo en la inercia institucional.
Hoy, el Partido del Trabajo promueve un ejercicio similar en Hidalgo contra el gobernador Julio Menchaca Salazar. Sin embargo, todo indica que el impulso obedece más a cálculos políticos que a un genuino interés social.
DICE RACHY:
El que mucho abarca poco aprieta. Eso creía yo. Hasta que me tocó compartir mi asiento del Tuzobús con una persona con sobrepeso.