Sin duda, vivimos en un país lleno de muchas culturas y poco hemos explorado de ellas, pero saber que cientos —o tal vez miles— de años después la tierra sigue expulsando pirámides y restos arqueológicos es asombroso.

Hace poco más de un mes, en un momento de ocio, descargué un libro electrónico que había buscado en librerías y no encontraba: Azteca, de Gary Jennings. Es una novela epistolar situada poco después de la llegada de los españoles a México-Tenochtitlán.
El personaje central es un joven plebeyo mexica de nombre Mixtli, quien en su andar recorre gran parte del imperio mexica y se encuentra, en sus viajes, con diversas tribulaciones. Aunque aún no termino de leerlo, ya que es un libro choncho, me maravillo en cada parte del libro, que no viene en capítulos.
Leerlo me ha llegado a hacer pensar en lo grandioso que fue el imperio mexica y lo muy hermosa que debió ser Tenochtitlán. Ya en otra ocasión, cuando leía Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, también quedé maravillado con la descripción que el autor hace de Tenochtitlán.
Tal vez con Azteca quedé aún más cautivado porque una parte de su vida Mixtli la pasa en Texcoco, que entonces formaba parte de la Triple Alianza, junto con Tenochtitlán y Tlacopan. Como he mencionado en anteriores columnas, yo soy oriundo de esta bella ciudad del Estado de México. Entonces conocer un poco más de la tierra que me vio nacer a través de las narraciones de Mixtli me dejó boquiabierto.
Describe con detalle los palacios de Tenochtitlán y los de Texcoco, cómo era su forma de escritura, cómo memorizaban sus poemas y las diversas actividades que los mexicas hacían en la vida cotidiana, pero también habla, como se ha anotado en documentos históricos relevantes, de la destrucción de muchos de sus templos por los sacrificios que hacían a sus dioses y sobre todo cómo los españoles veían como salvajes a las personas originarias de estas tierras.
Al leerlo, no pudo dejar pasar por mi mente los recientes hallazgos arqueológicos en Hidalgo, como aquel basamento piramidal con forma circular —probablemente dedicado a Ehécatl, dios del viento— en Huejutla y el otro basamento encontrado en San Agustín Metzquititlán durante las excavaciones para ampliar la carretera a la Huasteca hidalguense.
Por cierto, el libro también describe un poco a los huastecos, de quienes dice que eran personas con miembros viriles grandes, pero con una actitud muy a la defensiva.
Sin duda, vivimos en un país lleno de muchas culturas y poco hemos explorado de ellas, pero saber que cientos —o tal vez miles— de años después la tierra sigue expulsando pirámides y restos arqueológicos es asombroso.
¿No les pasa que cuando se enfrascan tanto en un tema poco a poco van saliendo cosas a la par? Pues así me ha ocurrido, y en esta ocasión tuve la oportunidad, por casualidad, de ver un documental sobre el afamado penacho de Moctezuma y dos piezas de arte plumario que aún existen, pero, junto con el penacho, son preservados en Austria.
Resulta que esos artefactos, como los escudos de plumas, junto con las “espadas” de madera y obsidiana (macuahuitl) que los mexicas utilizaban en sus guerras y los acali —canoas hechas de un tronco de ahuehuete raspado y moldeado por dentro— fueron extintas durante la invasión española.
Hasta hace unos 200 años, la única pieza original de macuahuitl se preservaba, junto con una lanza, en el Real Museo de Armería de España, pero un incendio las consumió, dejándonos sin ejemplares para la posteridad. Ahora solo podemos saber cómo eran con base en las descripciones de los españoles y en los llamados códices hechos por los habitantes originarios. Por cierto, hay un proyecto para traer desde Francia el Códice Borbónico, que contiene las tradiciones y rituales de nuestro bello Valle del Mezquital.
¡Qué nostalgia de aquellos tiempos que no volverán!
SU CINTO: Los hallazgos arqueológicos recientes en Hidalgo deben ser intervenidos por las autoridades para evitar saqueos; investigados, para saber más sobre nuestra historia. Sin duda, los cerros hablan y mucha historia está ahí, esperando a ser descubierta. ¿Se han puesto a pensar en las formas muy regulares que algunos cerros tienen? Tal vez sean pirámides o basamentos.
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