Las primeras noticias sobre la creación del Instituto Literario y la Escuela de Artes y Oficios del Estado de Hidalgo que se conocen se remontan al 25 de febrero de 1869

Aunque las primeras noticias sobre la creación del Instituto Literario y la Escuela de Artes y Oficios del Estado de Hidalgo que se conocen se remontan al 25 de febrero de 1869, es decir 40 días después del nacimiento de la entidad dentro del pacto federal, lo cierto es que tal inquietud nació desde que se conoció la noticia de su posible creación días después del triunfo de la República, en 1867, como se deduce de los documentos enviados al Congreso de la Unión, solicitando fuera Pachuca la capital del naciente estado, en los que se revela la inquietud de un grupo ciudadano para crear una escuela superior donde se prepararan las nuevas generaciones que gobernarían al estado.
Es en este contexto que surge la llamada Sociedad Protectora de Educación Secundaria, integrada por 32 connotados pachuqueños que el 25 de febrero de 1869 signan la petición para crear un plantel de estudios superiores. El documento fue signado por los abogados Francisco Arciniega, Juan Benavides, Ignacio Durán, Pablo Islas, Miguel Mendiola, Mariano Navarro, Francisco Osorio, Ignacio Otero, José I. Sancha, Pablo Téllez, Félix Vergara Lope, Teodoro Zúñiga y Ramón Rosales; los médicos Miguel Varela, Marcelino Guerrero, Miguel Aveleyra y Rodrigo Ramírez; los ingenieros Ramón Almaraz y José María Vergara; los señores Agustín Cárdenas, Francisco Benavides, Pablo Cázares, Ignacio Carrasco, Néstor Espinosa, Felipe B. Guerrero, Ángel M. Hermosillo, José María Lagarde, Justo Marroquín, Francisco Monterroso, Ignacio Osorio, Carlos Ortuño, José Procopio Rivas, Cesáreo Salmerón y el profesor Amado Peredo, así como el honorable artesano francés monsieur Florin.
El listado revela nombres por demás destacados en el Pachuca de entonces, entre ellos los médicos Marcelino Guerrero, fundador del metodismo en Pachuca, y Miguel Varela, de muy amplia clientela en la ciudad; al lado de ellos se encontraban los ilustras abogados Mariano Navarro —profesor fundador del instituto—, Francisco de Asís Osorio, que llegaría ser presidente del Tribunal Superior de Justicia Hidalguense y gobernador interino de la entidad; Ramón Rosales, honorable juez de primera instancia —padre del gobernador revolucionario del mismo nombre y apellidos—, José Ignacio de la Sancha y Félix Vergara Lope, ambos profesores fundadores del instituto e impulsores de la carrera de Derecho en aquel primer esfuerzo educativo, así como de los ingenieros Ramón Almaraz, director de la Comisión Científica de Pachuca de 1863 a 1864 y autor del primer mapa del estado de Hidalgo, en el propio 1869, y José María Vergara Lope, profesor fundador de la carrera de Ingeniería Minera en el instituto.
También destacan los nombres del profesor Amado Peredero, insigne y querido mentor tanto del instituto como de otros planteles de la ciudad, cuya huella fue reconocida en simbólico obelisco colocado al sur del jardín de los Niños Héroes de Chapultepec —vandalizado recientemente—; de don Agusín Cárdenas, dueño del teatro El Progreso e impulsor de la cultura en Pachuca, y finalmente el señore Ángel Hermosillo, dueño de la botica El Refugio, sitio donde se llevaron a cabo las primeras inscripciones del aquel plantel entre febrero y marzo de 1869. Estos, solo para ejemplificar la estatura de quienes impulsaron la creación del que andando el tiempo se ha convertido en la máxima casa de estudios del estado.
Ningún esfuerzo pudo ser más oportuno que este, realizado por un puñado de pachuqueños preocupados por el futuro de una entidad federativa naciente que debería enfrentar a partir de aquellos primeros días de su existencia el reto de formar a las mujeres y hombres que habrían de propiciar el desarrollo del nuevo estado, como lo sintió el coronel Doria, oriundo de una entidad distinta a la nuestra que alcanzaba ya a descollar en el contexto nacional y en la que se había desempeñado como alto funcionario.
Aunque la mayor lección de aquella iniciativa radicó en la confluencia de voluntades, por un lado, las de quienes integraron la Sociedad Protectora de Educación Secundaria —persona moral de hecho, ya que no existe registro oficial protocolizado de su existencia— y la de un gobierno provisional que duró apenas cuatro meses, aunque dejó más huella que otros de mayor duración. Confluencia de voluntades, pero ante todo de preocupaciones por el desarrollo futuro de la entidad y, desde luego, la visión de largo plazo de la sociedad hidalguense y su gobierno.
A más de siglo y medio de que el entonces Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios, anexa al plantel, abriera sus puertas el 3 de marzo del mismo 1869, las cuentas ante la historia no pueden ser mejores, pues de los inscritos en aquel año, hoy la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo recibe en sus aulas, diseminadas en varios puntos de la entidad, a más de 60 mil alumnos y las opciones de estudio, además de los estudios de bachillerato, se multiplican de manera inconmensurable, a lo que se suman diversas alterativas de posgrado; los avances centuplican los resultados y, sin temor a equivocaciones, puede afirmarse que aquella iniciativa pionera puede calificarse como la más exitosa en la historia del estado de Hidalgo.

¡Feliz aniversario para nuestra máxima casa de estudios que el día de mañana cumplirá 157 años de vida!
La placa fotográfica del viejo edificio de Abasolo que ilustra esta columna fue tomada en 1921.