Ya basta de muertos

Las celebraciones de día de muertos son, en Hidalgo, los momentos más representativos de la cultura y la tradición milenaria.

El solo hecho de conocer la veneración y el cuidado que la gente mayor le pone a cada uno de los rituales para festejar Xantolo, la colocación de la ofrenda y el simbolismo de todos los ingredientes y objetos que conforman esta colorida costumbre, la hacen única e irrepetible.

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¿Sabe usted, por ejemplo, que las velas que se utilizan para iluminar el camino de las almas para venir a visitarnos, se elaboran gota a gota con parafina hasta formar los estilizados cilindros de color ámbar?

¿Y el arco formado por follaje y flores de cempasúchil y mano de león? Es toda una obra artesanal en manos de los hombres y mujeres que dejan en cada creación la vida, todo para celebrar a los muertos.

Eso sin contar las promesas de hombres que, ataviados con prendas femeninas, juraron bailar días y noches enteras, desafiando a la muerte para cumplir una manda.

Es entonces que en las comunidades de Hidalgo y de México entero se reúnen aromas y sabores de la comida: los tamales, la fruta, el chocolate, el pan, el licor, los dulces, el papel picado y todas las cosas que les gustaban a nuestros difuntos se conjuntan en un espacio que muestra lo que somos y nuestra costumbre de reír y convivir con los muertos.

Y lo que se antoja preludio de un vistoso acontecimiento, ahora parece que es parte de un funeral cotidiano.

La inseguridad que priva en todo el país, y ahora en Hidalgo, nos tiene a todos con el alma en un hilo, y no es por los fantasmas, ni por las almas en pena.

Un día sí y otro también, las noticias dan cuenta de la infinidad de asesinatos que se cometen y muestran la vulnerabilidad de hombres, mujeres y niños que tienen la desgracia de estar en el lugar y en el momento equivocados.

Cierto, hay también un chingo de malosos que se matan unos a otros, entre ellos los huachicoleros que todos los días dan nota porque, o los pescan robando combustible o aparecen calcinados junto a una toma clandestina.

¿En verdad Hidalgo sigue siendo un estado seguro?
Seguro, seguro, es que las estadísticas no reflejan la realidad de las comunidades donde hay miedo de salir a las calles, de las madres que buscan incansablemente a sus hijas e hijos desaparecidos, de los pueblos donde la falta de oportunidades no les deja más camino que someterse a la delincuencia.

Claro que tampoco se puede soslayar el hecho de que algunos de esos desaparecidos son el producto de ajustes de cuentas entre delincuentes, pero esos hechos hasta hace poco eran tan lejanos a la realidad de los hidalguenses y ahora los tenemos a unos cuantos pasos.

Y ante esta situación de indefensión provocada, en ocasiones, por la indiferencia de las autoridades, los linchamientos han revivido en Hidalgo como una salida para evitar la impunidad, aunque esa formar de hacer justicia no esté justificada y la mayoría de las veces, paradójicamente, queriendo hacer justicia se haya sacrificado a supuestos delincuentes.

Así que hoy estamos aquí, preparándonos una vez más para celebrar a los muertos.¿Les cae que podemos festejar a los muertos?
La celebración, con todo lo que representa para preservar la tradición, resulta irónica porque ahora es cuando ese pequeño espacio para el ALMA SOLA en cada una de las ofrendas es más que justificable, para recordar a aquellos que no tienen quien los recuerde.

Tomemos en estos días de reflexión un momento para, sin politiquería barata, desde cada una de nuestras trincheras, establecer un espacio de pacificación.

No chinguen, YA BASTA DE MUERTOS.

Bertha Alfaro

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