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A criterio deColumnasJorge Martínez López

Y los pobres, para cuándo


El Coneval recién publicó su análisis sobre la transición de la pobreza en Hidalgo, al menos en la década de 2008 a 2018, donde expone los avances en la lucha por este flagelo y por desgracia los pasos son pequeños, porque hasta la llamada gente bien, es poca en una población de tres millones de habitantes.

Esto nos muestra que la entidad tiene un tránsito lento al bienestar, porque hasta la gente pudiente que no debe preocuparse por su salud, la educación o su alimentación, son unos cuantos, apenas el 13.5 por ciento, que significa un cúmulo de 403 mil 500 personas.

Y en el otro extremo de la cuerda, vemos a los de la pobreza extrema, aquellos que no alcanzan a tener lo suficiente para hacer tres comidas al día junto con su familia. Ellos son el 6.1 por ciento, es decir 113 mil 600 hidalguenses que padecen todos los días sobre qué van a comer.

Resulta hasta cansado ver cifras rojas que nos muestran que el paso es lento, que no se avanza como dicen los comerciales en la televisión o en la radio, todavía hay mucho camino que recorrer para darles solución a los más de 100 mil hidalguenses que a diario se lamentan de no poder darles las tres comidas a sus hijos.

En los últimos años, la entidad alcanza cantidades superiores a los 50 mil millones de pesos anuales como presupuesto, sin embargo, gran parte está enfocado al pago de nómina de miles de burócratas que han enfrentado la pandemia con pago seguro y hasta con posibilidades de hacer manifestaciones desde la comodidad de sus autos.

Esto lo vimos el pasado 1 de mayo, donde la rebeldía de los maestros fue encajonada en sus autos, desde allí se lamentaron y pidieron mejoras a su salario, pese a que, durante el último año, muchos de ellos no los conocen ni sus propios alumnos, a los que dizque educan.

Justo en fechas de campaña llegamos a los lugares comunes del discurso: estamos ubicados en la zona estratégica para convertirnos en un polo de desarrollo económico; Hidalgo tiene una sociedad capacitada y con lo suficiente para incursionar en el primer mundo; construiremos una universidad con enfoque a la aeronáutica para que atiendan el nuevo aeropuerto de Tizayuca; del Valle de San Javier haremos un parque multimodal que atraerá la mirada de los inversionistas extranjeros.

Y efectivamente, al llegar a Hidalgo desde la carretera procedente de Ciudad de México vemos caseríos de gente depauperada y cientos de metros de terrenos baldíos, desiertos, que permanecen ociosas e indiferente al crecimiento de muchas ciudades industriales.

Un inversionista fuereño se lamentaba que esos terrenos no tuvieran actividad, “ya las quisiéramos en el Bajío, en Cuernavaca, en Puebla, vamos hasta Ciudad de México, en donde ya no hay posibilidades de crecimiento”, sin embargo, las tierras, algunas propiedad gubernamental y otras metidas a la especulación por exfuncionarios, siguen perdiendo la oportunidad de convertirse en el pivote que saque a Hidalgo de sus problemas de empleo.

Y esas tierras con un aeropuerto a menos de 20 kilómetros, ya alcanzaron una plusvalía inimaginable, ahora resta saber cuál será el destino de ese espacio ocioso, que apenas se pinta con algunos edificios de uno que otro privilegiado.

 

Nimiedades: Los negocios que a título particular ha realizado Eduardo Baños, encargado de la cultura oficial, tendrán mucho que decir en próximas fechas.

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