Y la culpa, ¿era mía?

Ahora que el tema del respeto a las mujeres ha traspasado fronteras y lo mismo en Santiago de Chile, Madrid, Paris, que en Buenos Aires y en las principales Ciudades de México, el performance “Un violador en tu camino”” se ha convertido en el grito de lucha para demandar mayor atención.

Los gravísimos problemas de agresiones hacia las mujeres, son el foco de atención y una llamada desesperada para que los encargados de la seguridad y de justicia, no se hagan como el tio Lolo y atiendan los delitos de asesinatos de jóvenes y de maltrato al este sector de la población.

Y en ese marco, el grito pareciera más que justificado, sin embargo en estos cánticos de  cientos de mujeres que han salido a las calles a manifestar su inconformidad, hay quienes también han salido perjudicados.

Permítanme explicarlo:

Hace unos días escuché una conversación entre hombres reunidos en un café y ellos se referían con preocupación a este movimiento feminista.

Palabras más, palabras menos, explicaban que desde que hay esta ola de manifestaciones, los hombres se sienten vulnerables porque las mujeres que por años han exigido igualdad, ahora los ven como enemigos.

Uno de ellos comentaba su caso en su viaje diario en el transporte colectivo.

Hablaba del temor que ahora sienten los hombres cuando el vagón del metro va muy lleno, cosa que ocurre un día si y otro también y tienen que apartarse de las mujeres, para evitar que, si el metro se detiene bruscamente, las vayan a aventar y ellas los acusen de acoso sexual.

Porque para ser honestos, no todos los hombres que viajan a diario en el metro son acosadores o libidinosos y las condiciones de un desplazamiento en este sistema de transporte, no son las mejores.

Conforme transcurría la conversación, se escuchaban las quejas, también justificadas de los caballeros, quienes argumentaban que ahora el hecho de querer prestar ayuda a una mujer en la calle, también es motivo de desconfianza e incluso de agresiones por las mismas mujeres que en ocasiones responden violentamente a un gesto de amabilidad.

Me queda claro que hay casos de personas enfermas que tratan de abusar de la condición de desigualdad de las mujeres, pero también es cierto que hay una gran mayoría de hombres que tienen buen comportamiento.

Y la pregunta que también ha tomado fuerza en las redes sociales es la de los hombres que cuestionan.

¿Las feministas no tienen hermanos, esposos, padres, hijos?

Curiosamente hoy esos hombres se enfrentan a diario a la agresión y el maltrato de las activistas que empoderadas y en franca lucha contra el patriarcado, en ocasiones llevan al extremo los señalamientos, las descalificaciones e incluso actitudes rencorosas hacia todos los hombres.

Es entonces este discurso de odio, que más parece encabronamiento, el que poco a poco esta permeando y que no permite caminar hacia una sociedad justa, de respeto y sana convivencia.

Y que no se entienda esto como una descalificación al movimiento feminista, sino un llamado a la reflexión, porque al exigir un trato diferenciado, las mujeres se están auto discriminando.

 

Palabras más, palabras menos.

¿Últimamente se han dado una vuelta por el mercado Revolución?

Con una techumbre nueva y locales más ordenados y limpios, reciben a los clientes con una nueva cara.

Orgullosa la vendedora de flores platicaba que hay 40 cámaras de vigilancia, carritos como en el supermercado, y que a todos se les entregó un apoyo, desde mobiliario, herramientas como cortadoras de embutidos, nuevos locales y hasta pintura nueva.

Y todo, decía la mujer con una gran sonrisa, gracias al apoyo del Gobierno Municipal de Pachuca.

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