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A criterio deColumnasDaniel Cabeza de Vaca

Una nueva delincuencia organizada


En julio la Semar convocó al Seminario Hemisférico de Seguridad Nacional en el que se discutió el tema de la violencia en nuestro país. Algunos de los ponentes sostuvieron que la escalada criminal de homicidios es causada por la pulverización de los cárteles en más de 300 grupos. Las acciones del gobierno federal han sido efectivas, pero ahora, el panorama es más complejo.

Los cárteles de las series televisivas nos han estigmatizado mundialmente, no solamente se han fragmentado, han evolucionado a grupos de delincuencia organizada (DO), se han especializado, profesionalizado e internacionalizado.

La diferencia entre los antiguos cárteles y los grupos criminales contemporáneos es que los primeros tenían características de mafia, una estructura vertical, en muchos casos una relación familiar o religiosa y controlaban una actividad criminal determinada; los nuevos grupos tienen una estructura horizontal, conformada por células más compactas, que alinean su actividad por intereses comunes y proyectos, actuando con sentido económico empresarial. En ambos grupos criminales, la corrupción y la violencia son el eje de su operación.

Antonio María Costa señala: “El crimen organizado se ha diversificado, se ha vuelto global y ha alcanzado proporciones macroeconómicas. Las mafias son hoy un problema transnacional: una amenaza a la seguridad, especialmente en países pobres y en conflicto. El crimen está alimentando la corrupción, infiltrando negocios y la política, y obstaculizando el desarrollo. Socava la gobernanza mediante el empoderamiento de los que operan fuera de la ley”.

El análisis de Costa corresponde a la situación de la DO en nuestro país. Para combatir a estos grupos criminales es necesario tener un diagnóstico basado no solo en información de inteligencia, sino en estrategias de naturaleza microeconómica y de orden político-administrativa.

Las autoridades locales deben enfrentar los grupos delincuenciales en sus jurisdicciones sin pretextar falta de atribuciones.

La persecución penal de la corrupción debe ser la divisa que enfrente el problema; esa corrupción ha sido el suelo fértil donde ha cultivado la DO. No permitamos que se adueñen de nuestras instituciones que son, como la Sedena, la última línea de defensa del pueblo ante el crimen organizado.

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