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A criterio deColumnasJorge Esqueda

Tufillo de ricos nuevos


Cabelleras desteñidas y brillosas, pantalones de marca ajustados, blusas llamativas con inusuales escotes, trajes para flacos en cuerpos de gordo, botas llamativas de tacón sonador, camionetas nuevas, todo esto tiene ese tufillo de nuevos ricos que destilan las nuevas administraciones municipales.

A seis meses de sus promesas de trabajo, los ciudadanos perciben esos nuevos olores, esa sonrisa que se vuelve socarrona como de maduro galán y gorditas coquetas que buscan su mejor ángulo ante la mirada de sus súbditos. Aunque claro, no son todos, hay excepciones.

Entonces, ya nada es casual en ese nuevo ambiente, el alcalde se convierte en sabiondo de los problemas nacionales y por supuesto, de sus soluciones, aunque claro, los del pueblo pueden tardar un poco más.

Las promesas de campaña, al primer semestre, ya comienzan a diluirse gota a gota por cuestiones presupuestales, por pleitos con tales secretarías o simplemente por ser de otro partido político.

Pero eso sí, dando las tres de la tarde ya buscan la complicidad de sus subalternos para ir a comer al lugar recomendado, aquel que por lejano o caro antes no era posible visitarlo, y por supuesto que siempre hace falta la presencia femenina. Y a partir de allí, el señor presidente está en acuerdo con el gobernador en Pachuca, donde hace gestión, según aprende a recitar la novata secretaria.

De este modo, entre alcohol y trasnochadas se va configurando la imagen de las nuevas administraciones, algunas con desgracias lamentables para la ciudadanía, como lo ocurrido en Santiago de Anaya. Esa vileza costó la vida de tres integrantes de una familia.

En esta locura que alcanza a funcionarios y regidores también contagia a familiares que buscan entrometerse en las decisiones del titular, o bien, entrarle a la senda de las desgracias como la ocurrida con el esposo de la alcaldesa de Jacala, que en sus prisas inexplicables mató a un anciano según las notas periodísticas.

En esa euforia de poder, llega la mano negra de quienes influyen de forma directa en las decisiones gubernamentales, primordialmente de maridos y esposas. Los primeros sienten que ellos fueron los elegidos y que su experiencia podrá resolver todo asunto por difícil que sea e incursionan en todos los temas, incluso hasta en los recursos para hacer algunos negocios propios.

La impericia de los alcaldes los lleva a contratar pésimos funcionarios como sucede en Pachuca, donde tendrán que renovar al primer círculo de mando, y en sus nuevas propuestas figuran personas peores o más amañadas, hasta el hijo del otrora líder Roberto Pedraza ya está enlistado.

Lejos de este folclor administrativo, vemos que, a la fecha, los ayuntamientos no han podido clarificar sus gastos, sus contratos y licitaciones en la página de transparencia ni mucho menos sus directorios y organigramas. Este problema, que es de carácter legal, tampoco lo han notado los diputados demócratas encargados de “visibilizar” temas sociales, pero no aquellos que tienen como obligación.

Se suman la grisácea actuación del instituto encargado de la transparencia, la Contraloría y muchas otras dependencias menores.

Sin duda, esta permisibilidad parece inducir a que los alcaldes se entrampen y en tiempos de elección, puedan ser sancionados de forma justificada por sus omisiones y claro está, llevando como trofeo la bandera partidista que los postuló.

Hidalgo tiene una larga historia en materia de alcaldes castigados que caen justamente en tiempos electorales, hay que preguntar cuántos de ellos todavía viven en las penitenciarías del estado.

Nimiedades: Causa sorpresa que hasta restauranteros facturen a la Secretaría de Salud, materiales y equipo médico. Este Hidalgo mágico.

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