Transporte público

Conversaba con una persona sobre la realidad ambiental de Hidalgo, sobre cómo era muy clara, no solo la percepción de fracaso, sino el fracaso de políticas públicas en materia ambiental a lo largo y ancho del estado; al seno mismo del gobierno al alcanzar a vislumbrar falta de coordinación entre las actividades que se desarrollan y los objetivos medioambientales trazados.

Y platicaba sobre estas cosas, cuando de pronto, me pregunta: ¿Por qué has escrito sobre transporte público, si el medio ambiente es lo tuyo? Y pues trate de dar respuesta, al menos, de manera general al por qué de mis opiniones en torno al transporte público urbano de Hidalgo, sobre todo el convencional.

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“Si tiene que ver con medio ambiente, te explico, pero además también con los derechos humanos, el desarrollo económico, la seguridad pública y la salud, así que hablo de transporte porque al menos en mi caso, me interesa, entre otras cosas, el cumplimiento de las normas oficiales mexicanas” y, continué argumentando frente a la persona, las razones y los motivos de mis opiniones en torno al transporte público.

Esa conversación me ha traído hasta aquí otra vez, a hablar de transporte y sus carencias, de la forma en que no atender las necesidades del sistema de transporte convencional, es abandonar a un gran número de personas que cotidianamente lo usan.

También representa el incumplimiento de normas oficiales mexicanas y la ausencia de normas técnicas estatales en materia de transporte, que determinen las condiciones de diseño y seguridad que deberían contar los vehículos de transporte público.

Hablar de transporte público no es una ocurrencia, no es abandonar los temas ambientales, es poner un asunto a discusión que durante mucho tiempo el gobierno de Hidalgo ha dejado de lado, el mismo que ha usado para asegurar que el transporte es de calidad, mentira mayor no puede haber.

Reconocer los avances en el Tuzobús y el premio a su aplicación es imprescindible, pero una golondrina no hace verano.

Si de esa manera el gobernador del estado pudiera reconocer los graves problemas que enfrenta el transporte convencional en la capital del estado y en las demás regiones de la entidad. Si hiciera un compromiso formal y real en el sentido de reordenar y revisar la forma en que se han otorgado las concesiones, el mecanismo que se usa para hacer pasar revista a unidades que se encuentran en pésimas condiciones, hablaríamos de un compromiso con el estado.

Pero veamos una norma diseñada para el transporte federal, la norma oficial mexicana NOM-067-SCT-2/SECOFI-1999, transporte terrestre-servicio de autotransporte económico y mixto-midibús características y especificaciones técnicas y de seguridad.

Seguro que esta podría servir de base para construir una norma técnica estatal; si tomamos en consideración que los beneficiarios de una norma de este tipo serían mucho más de 500 mil personas de manera cotidiana y que los gastos por lesiones menores en accidentes se podrían reducir de manera drástica, bien vale la pena explorar e camino de una regularización del transporte público convencional.

Pero las cosas empeoran en el transporte, el manejo del transporte masivo se vuelve cada día más inestable, más complejo y lleno de problemas para el gobierno, han ido de mala decisión en mala decisión y el tiempo se vuelve el peor enemigo del futuro del transporte en Hidalgo.

Es seguro que los vehículos convencionales deben de cumplir con ciertas condiciones mínimas de seguridad, pero basta ver cada unidad para entender que no son lo mínimamente adecuadas y que debieron desecharse hace tiempo.

Si revisamos el resto del estado encontraremos que las condiciones no son, ni con mucho, lo mejor que pueden recibir los usuarios de las zonas más alejadas del estado.

Este tema, ha sido de muchas maneras discutido, pero siempre de las manos de los concesionarios, ocasionalmente con los operadores del servicio y nunca con los usuarios del mismo. Los usuarios del mismo, que son los más importantes en el sistema de transporte, han sido constantemente ignorados por concesionarios y por el gobierno.

No he hablado de los usuarios más que en algunas ocasiones, sin embargo, hablar de ellos implica tomar en consideración la necesidad de movilidad en la ciudad, la forma en que se ha construido y los beneficios que aporta a los ciudadanos. Parece inadecuado, pero es parte de la discusión del transporte.

El trasporte involucra seguridad, ambiente, salud, economía. Implica política pública; planeación y estrategia, construcción de programas en los que se refleja el cumplimiento de la ley, pero no de manera aislada, sino de forma estructurada y vinculada. Algo que no se ha hecho de manera eficiente en Hidalgo.

Si hiciéramos una analogía, tendríamos que decir que el estado de los vehículos de transporte público refleja de manera plástica el estado de las políticas públicas de transporte. Desvencijadas, abolladas y con vidrios polarizados que no permiten mirar de manera transparente hacia su interior.

Es esta opacidad la que hace del transporte público de Hidalgo un tema de interés para los ciudadanos. Porque es al final del día en función y beneficio de ellos que este existe y tiene sentido.

Los problemas están presentes, las soluciones en las manos de aquellos que las usan como moneda de cambio. Moneda que al tiempo perderá valor en sus propias manos.

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