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A criterio deColumnasJorge Martínez López

Transporte bananero


La pretendida modernización de la zona metropolitana de Pachuca con puentes viales y grandes estructuras de cemento grisáceo, tendrá como cereza de buen gusto la imposta de la nueva imagen de los taxis, caracterizada por colores deprimentes y con diseño de baja autoestima.

Dentro de esta modificación del entorno urbano no existe ni siquiera la pretensión de sembrar uno de los tantos árboles derribados en los trabajos de acondicionamiento del terreno, lo que nos condena a vivir en una ciudad monocromática.

En algún momento, los genios de las vialidades pagaron a pintores de brocha gorda para que robaran la delicadeza de la cosmogonía de la etnia otomí-tepehua, sin embargo, su materialismo fatuo los llevo a realizar un bodrio.

Incluso se pusieron creativos y plasmaron unicornios, figura muy lejana de la identidad estatal, aunque sería oportuno conocer quien fue el diseñador de tan mona creación.

Pero bueno, el tema es que dentro de este apagado escenario ahora salta al escenario la creatividad de la secretaría del transporte, al obligar a los taxistas a cambiar la cromática de identidad del servicio público.

No existen razones suficientes para demandar un cambio de carácter estético, cuando todavía no se sale del peor evento económico de la época moderna, pero aun así ya hasta se publicó que será de carácter obligatorio antes de diciembre hacer ese cambio.

Tiene un costo superior a los 500 pesos en todos y cada uno de los 8 mil 200 vehículos concesionados que hay en el estado. Esto habla de una suma de 4 millones 100 mil pesos.

Los colores son apagados como la misma secretaría que lo promovió, grises, ocres, mostazas, en fin, los colores de la paleta de la depresión.

Algo bueno nos traerá sin duda este cambio, dice la secretaria que los taxistas tras el pago deberán cumplir con una revisión minuciosa del automotor.

Entonces los taxis tuneados, de grandes peluches, focos morados en el interior, conchas oscuras en las ventanas, muñequitas bailadoras en el tablero, estéreos multicolores y espejitos para espiar a las muchachas de faldita, tendrán que cambiar.

Esos vehículos que circulan sin el menor recato con luces de neón por abajo, arriba y de faros enceguecedores al fin tendrán que entregar cuentas a los encargados de revisar el buen servicio que prestan.

Descartamos por completo que exista la corrupción en esa oficina, y seguramente se trata de algunos inspectores distraídos que no observan todas esas irregularidades que ya se volvieron costumbre al menos en el sistema de trasporte de la zona metropolitana.

Sin duda, también revisarán que las tablas que sirven de asiento sean cubiertas al menos con esponja, que los tubos desprendidos de los pasamanos sean reparados, que la deplorable condición mecánica sea corregida.

Resulta difícil entender que estas nuevas calcomanías podrán cambiar en algo la calidad del servicio.

Ahora, hay que preguntar sobre el taxímetro y el servicio por aplicación, que, por lo publicado en el periódico oficial, ya están autorizados en Hidalgo, pero no publicitado para evitar que el clientelismo partidario se pierda.

Nimiedades: Esta elección, sin duda será un parteaguas, porque permitirá identificar realmente quienes tienen fuerza y quienes ya sólo son el membrete. Haga su propia lista.

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