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A criterio deColumnasJorge Martínez López

Trabajo sucio


L a repentina pérdida de cordura del presidente estadunidense Donald Trump, que incitó un asalto al Capitolio trajo como secuela una discusión sobre la libertad de expresión del magnate a quien de manera unilateral durmieron sus redes sociales.

En la historia moderna, de Hidalgo la libertad de prensa se ha manejado de forma cortés entre autoridades y los dueños de los medios de comunicación, quienes tienen como encomienda generar un sentimiento hasta de agradecimiento hacía las administraciones de corte, principalmente, priistas.

De esa forma asentaron sus reales durante nueve décadas sin una alternancia en el gobierno estatal.
Junto a ello han existido esfuerzos loables para rescatar la libertad de prensa a través de periódicos o revistas generadas a partir de la sociedad civil organizada o bien, en esfuerzos de profesionales que terminan por ceder a la dinámica avasalladora.

El boom de las redes sociales y todas sus bondades para alentar y procurar la libertad de expresión fue bienvenida por la sociedad entera, no así, por aquellos que se vieron vulnerados en sus privilegios e incluso demandaron crear leyes para frenar ese mal llamado libertinaje.

Para ello utilizaron a legisladores, quienes fueron sometidos al escrutinio público hasta que cedieron en ese intento.

A más de 20 años de disfrutar las bondades de la web, la ruta de las llamadas redes sociales nos ha mostrado que son peligrosas cuando caen en las manos equivocadas. El propietario de Facebook, quien de forma unilateral decidió congelar la cuenta de Donald Trump, al solo recurrir al principio de haber violentado las reglas mínimas de esa plataforma.

Esta decisión fue certera en la inmediatez, así evitaron que utilizara las redes para convocar a una revuelta, y fue negativa porque Trump sufrió una sanción sin ser vencido en un juicio donde pueda defender sus razones.
Son divergentes los puntos de vista, aunque hay coincidencias en la peligrosidad de las redes, que convocan a un submundo clandestino que permite todo tipo de atrocidades y muchas veces desde el peor monstruo que es el anonimato.

En las pasadas elecciones municipales en Hidalgo, fuimos testigos de todo tipo de violencia verbal, de género y principalmente política a través de cuentas públicas disfrazadas de medios informativos para cometer todo tipo de latrocinio, para hacer el trabajo sucio.

Recién el Tribunal Electoral de Hidalgo dictaminó la inscripción de un internauta que se autonombró periodista, en la lista negra del INE por violencia de género. La libertad de expresión y de prensa, por supuesto que en ningún momento cabe como defensa, al utilizar palabras altisonantes y de muy baja estofa en contra de una candidata a alcaldesa.

Seguramente la intencionalidad de un periodista es denostar la figura de nadie, por ello, difícilmente podríamos hablar de un periodista.

Casos semejantes ocurren en cada municipalidad, en donde se conoce la trayectoria de muchas páginas de Facebook patrocinadas por determinado político. En Pachuca son distintas y muchas de ellas escritas desde el anonimato. Todos hemos leído el Alcoholímetro, de quién es, a quien sirve, nadie lo sabe o al menos así lo creen.

En Mixquiahuala ya montaron un tinglado de página en contra del alcalde Amieva, todas ellas con la consigna de evitar que el mandatario figure como candidato a la gubernatura; hay la de Ixmiquilpan habla con autoría en un expriista, y lo mismo sucede en Huejutla, en Tula.

La sociedad debe saber diferenciar entre lo que es periodismo, que es donde los autores firman sus notas porque para ello se preparan, y lo que hacen los feisbuqueros que solo necesitan diez pesos para una hora de internet y ser muy mal ciudadano.

Nimiedades: La Cruz Roja fue concebida como un bien social, algo que ya no sucede en Hidalgo al cambiarle el ADN por un banquete de tortas y frutsis. ¿Tanto pesan los libaneses como dicen ser?

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