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A criterio deColumnasRaúl Contreras Omaña

Tertulia de los filósofos


Haré una pausa en el tema de las redes sociales para tocar algo que me parece de importancia mayúscula: las reformas en ciencia y salud que el gobierno federal está llevando a cabo este año. Empezaré por la conclusión del tema: no estoy de acuerdo, y todo se resume en muy pobre asesoría gerencial en la metodología para abordar los cambios a los que pretenden llegar. Suceden demasiados aristas que quiero comentar. El primer impacto de este año fue el cambio en los directivos del Conacyt –que iniciaron con el pie izquierdo por las acusaciones de nepotismo y pobre preparación para los cargos designados que presentaban muchos de los nuevos encargados- porque con el fin de investigar desvíos monetarios se cancelaron de tajo becas a posgrados –incluso de quienes se encontraban en el extranjero dependiendo de esos recursos-, apoyos a investigación básica en universidades e institutos, cambios radicales en los trámites para acceder al Sistema Nacional de Investigadores y sus fondos y nulos recursos para estimular las publicaciones científicas internacionales y la academia. ¿El resultado? La ciencia en México está totalmente estacionada hasta nueva orden. Si bien estoy de acuerdo con que
esos desvíos millonarios debían investigarse, cerrar y cancelar todo de manera tan abrupta no era la manera adecuada de hacerlo. Luego vino la apertura total para la atención en el sistema IMSS a todos los no derechohabientes, cortando el flujo de dinero a sistemas como Seguro Popular e Issste. Para muchos, esto parece una buena medida; sin embargo, nadie consideró que la carga de trabajo para los trabajadores del Seguro Social se incrementaría hasta en un 250 por ciento, obviamente con el mismo personal y con los mismos recursos materiales, que ya eran pocos. Ahora hay el doble de quejas, el doble de pacientes solicitando atención, el doble de demanda de estudios de laboratorio y gabinete, con un mínimo personal que gana poco y al que se le presiona en exceso para cumplir
las exigencias directivas. De nuevo, pésima planeación y mala asesoría gerencial. Habiendo tantas personas brillantes con maestrías y doctorados en administración hospitalaria y de recursos en salud, ¿por qué dejar que sean los economistas, quienes jamás han pisado un hospital, los que tomen las decisiones en este campo? Siguió el recorte de presupuesto a programas prioritarios en salud como cáncer, pacientes geriátricos, neurología y trasplante de órganos. En este último rubro en lo particular la reducción en recursos fue más que impactante: recorte de 99 por ciento en el presupuesto a trasplantes en México. Sin mencionar la propuesta de reducción al 50 por ciento en las becas de médicos y enfermeras pasantes de servicio social. Es algo que simplemente no cabe en la mente. En vacu
nación, aún no hay abasto adecuado de la vacuna contra hepatitis B, contraviniendo la indicación brindada por la OMS desde el año 2017 de incentivar e impulsar cualquier acción preventiva o curativa que permita erradicar las hepatitis virales crónicas en todo el mundo para el año 2030. Esto deja sin protección a trabajadores del área de la salud, pacientes en hemodiálisis, pacientes portadores de VIH –quienes también se quejan recientemente del desabasto en sus medicamentos antirretrovirales- y a recién nacidos. Finalmente, y de gran impacto mediático en la última semana, el recorte de 800 millones de pesos a los presupuestos de los institutos nacionales de salud. Esto ha repercutido rápidamente en una manera en la que el gobierno federal no vio venir: clausura de programas,
cancelación de cientos de cirugías de alta especialidad, reducción en tratamientos contra enfermedades mortales o crónico-degenerativas, despido de personal de confianza, protestas médicas y de personal de enfermería, suspensión de trasplantes de órganos y, en algunos casos, cierre de servicios completos. Los centros de punta de nuestra nación, donde se atiende a miles de personas de bajos recursos con enfermedades poco comunes, sufriendo por primera vez en la historia el riesgo de no contar en un par de meses, si todo continúa igual, con fondos para realizar pagos de agua y luz. Es tan absurdo que resulta surreal. Lo dije hace poco: austeridad y recortes en ciencia y salud es justo lo que los países del primer mundo jamás harían. Si el trasfondo era investigar desviación ilegal de recursos en estos rubros, debió ser a través de asesorías profesionales, intervención de expertos en administración y dirección hospitalaria, mesas de análisis, negociación con directivos de hospitales y evaluando cuáles eran los programas que menos debían sufrir las consecuencias. Porque lo realizado ha sido, en mi opinión, un actuar totalmente irreflexivo. ¿Quién asesora a nuestro presidente en todo esto? Hasta la próxima semana.

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