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A criterio deColumnasMarco Moreno

Sin planes, conservar es una ilusión


La conservación es una de las grandes banderas del ambientalismo en todo el mundo, conservar la flora y la fauna, promover el conocimiento para su uso responsable; impulsar la utilización razonable y sostenible de los recursos naturales en favor del derecho de las personas a vivir en un ambiente sano, libre de contaminación y devastación, es una de las grandes metas de todo movimiento ambiental.

Para ello se ha trabajado constantemente. El gobierno, por su lado, ha promovido el decretamiento de áreas naturales protegidas, en el caso de Hidalgo el número ha crecido de manera importante, dejando en claro con ello, el supuesto compromiso del gobierno en favor del ambiente.

Si hiciéramos referencia a la necesidad de conservar, podríamos escuchar discursos gubernamentales encaminados a ensalzar su importancia y a resaltar las acciones que en ese ámbito se ha llevado a cabo.

Pero hablar de conservación no solo hace referencia a la preservación de los recursos, también se refiere, de manera ineludible, al bienestar de las personas, entendiendo el bienestar de las personas no solo como la satisfacción de las necesidades básicas para una buena vida, sino también a la otra parte, la ambiental, el asumir que la naturaleza es fundamental para la supervivencia de la especie humana.

De la conservación de la naturaleza depende el bienestar y la salud de los humanos. Esta parte no ha sido lo suficientemente discutida en las decisiones de “crear áreas naturales protegidas”.

Su ausencia en el diseño de políticas públicas ambientales es notoria en la incapacidad de darle sentido y articulación a todas las áreas naturales protegidas.

En el caso de México y concretamente en Hidalgo, es válido reconocer que la conservación no ha redituado bienestar a la población en general, lo que es notorio en los índices de pobreza que se registran en las zonas donde se asientan empresas como Minera Autlan y otras empresas mineras que trabajan en diversos municipios de la entidad.

Pero también es impórtate reconocer el hecho de que la destrucción de valiosos ecosistemas de la entidad ha permitido la generación de crecimiento económico en favor de algunos cuantos.

Por lo que también es permitido asegurar que la destrucción de los ecosistemas del estado de hidalgo, en favor de un supuesto desarrollo económico, hará imposible el logro de los Objetivos de desarrollo planteados en la agenda 2030, misma que es eje de acción del gobierno de la entidad.

Hidalgo tiene frente a sí grandes retos, el primero de ellos, lograr el cumplimiento de los objetivos de la agenda 2030, misma que desde el inicio de la actual administración, fue reconocida como el eje que le da sentido al Plan Estatal de Desarrollo.

Por otro lado, el iniciar procesos que permitan revertir y/o evitar la degradación de los ecosistemas y garantizar, en función del bienestar humano, los servicios ambientales que estos proveen a las ciudades y comunidades de la entidad.

Retos que muestran la distancia entre los programas diseñados durante la actual administración y la realidad que fueron incapaces de entender y reflejar, en esos programas, de tal manera que se colocaran objetivos reales y encaminados a la conservación con un propósito, con un objetivo claro y preciso, pero, sobre todo, evaluable.

Conservar no debería ser un discurso, un compromiso a medias. Conservar es algo más: bienestar, interdependencia, abastecimiento de servicios a las ciudades y comunidades, alimento, aire limpio.

Pero también es soporte: formación de suelos, nutrientes, producción de biomasa, mantenimiento de la atmósfera, entre otros.

Por otro lado, la relación entre medio ambiente y salud es innegable, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que México se encuentra entre los países latinoamericanos con mayores niveles de polución con partículas PM2.5, entre otros contaminantes, que implican un efecto negativo en la esperanza de vida.

Conservar es una tarea compleja, un entramado de actividades, que, en el caso de Hidalgo, no se han vinculado ni trasversalisado de manera adecuada y han dado como resultado un conjunto de programas aislados y alejados de la realidad ambiental de Hidalgo.

De tal manera que mientras que en la Ciudad de México se habla de que esperan el efecto Tula, Hidalgo nunca ha hablado de esperar el efecto Cdmx en cuanto a manejo de aguas residuales y trabajos de saneamiento por los daños provocados en amplias zonas de la entidad.

Junto a la petición del Congreso de reconvertir la Termoeléctrica Francisco Pérez Ríos, la que se ha realizado frente al silencio de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo (SemarnatH) que no se ha pronunciado en torno a ninguno de los temas más acuciantes del estado.

Conservar es algo más, es algo que ha dejado de hacer el gobierno de Hidalgo, se refleja en sus programas, de los cuales hasta el momento no se han presentado resultados reales, más allá del discurso, más allá de las palabras en torno a los supuestos logros en materia ambiental.

De esa manera, hemos visto como ecosistemas fundamentales para Hidalgo, se han deteriorado, hasta niveles de desastre; el caso de la selva baja y media del estado es el caso más emblemático en la zona Huasteca de la entidad.

Los niveles de contaminación y deterioro de la zona de la región de Tula, la muestra más plástica del fracaso en la construcción de políticas coadyuvantes entre los tres niveles de gobierno Sin planes evaluables, capaces de verse reflejados en el bienestar y en la salud de las personas, en la permanencia de los ecosistemas y la alteración planeada, diseñada de la forma en que se crece económicamente en el estado, la conservación se vuelve un acto de ilusión.

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