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A criterio deColumnasSalvador García Soto

Sheinbaum bajo fuego


Mientras la pandemia se le desborda en la Ciudad de México, resultado de sus decisiones tardías y de no haber declarado el semáforo rojo en los primeros días de diciembre por atender a las presiones presidenciales, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, enfrenta ahora otra gran crisis en la columna vertebral del transporte público y la movilidad de la ciudad. El incendio del Centro de Control 1 del Metro dejará sin funcionar a la mitad de las líneas del transporte colectivo más importante que tiene la capital del país.

En ambos casos, Sheinbaum está pagando el costo de una sumisión política a los designios y órdenes del presidente López Obrador que le ha impuesto muchas de las políticas y decisiones aplicadas por su administración.

La jefa de Gobierno no ha logrado, a pesar de sus intentos, desvincularse del enorme cordón que la ata a Palacio Nacional y eso, si bien la mantiene cerca de los afectos del presidente y eventualmente de una decisión futura, la aleja cada vez más de sus gobernados.

La Ciudad de México no ha dejado de ser el epicentro de esta pandemia desde que comenzó en febrero de 2020 y aunque eso se debe en parte a que somos la entidad más poblada del país y que tenemos una zona conurbada densamente habitada con el Estado de México, también se explica porque la capital fue la que más se ciñó desde un principio a las estrategias y políticas federales que resultaron claramente fallidas.

Cuando Claudia Sheinbaum se dio cuenta de que los yerros y manipulaciones de Hugo López-Gatell nos estaban llevando al desastre, comenzó a tomar sus propias medidas, incluido su sistema de medición de casos y hospitalizaciones. Muy rescatable resultó la decisión de hacer pruebas masivas, a partir de noviembre pasado, pero lamentablemente la tardanza con que se tomó esa decisión ya no tuvo el efecto que se hubiera deseado.

Aun así, la gobernante capitalina había ganado terreno en cuanto a la imagen de un manejo más independiente y propio de la pandemia, hasta que empezó a gestarse la actual crisis. Los últimos días de noviembre y las primeras semanas de diciembre el número de casos y hospitalizaciones comenzaron a subir de manera consistente y cuando se llegó al punto de declarar el semáforo rojo, justo en el fin de semana del llamado “Buen fin”, Sheinbaum se topó con la negativa presidencial a que la Cdmx se pintara de rojo y se volvieran a cerrar las actividades económicas no esenciales.

Ahí fue cuando se gestó la crisis que hoy estamos viviendo y cuando la Jefa de Gobierno perdió la poca autonomía e independencia que había ganado en el manejo de la pandemia al aceptar plegarse a la orden tajante de López Obrador. Dos semanas más tarde, el viernes 18 de diciembre cuando por fin Sheinbaum decretó el semáforo rojo, el daño estaba hecho y había comenzado, de la mano de esa decisión tardía como resultado de la supeditación política, el desastre en que hoy vive la capital de la República.

Los que vienen serán meses doblemente difíciles para los habitantes de la Cdmx, asediados por el virus mortal en una ciudad que ya no tendrá camas de hospital disponibles en donde escasea el oxígeno y hasta los espacios y servicios funerarios, pero además con una crisis en el transporte colectivo que moviliza a la mayor parte de los capitalinos. Y para la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, será la prueba de fuego: si no logra resolver ambos problemas y atenuar los daños económicos, el malestar social y pérdidas incluso de vidas humanas que serán inevitables, y lo hace demostrando que ella es quien toma las decisiones sin que tenga que venir a rescatarla el presidente López Obrador, ya puede olvidarse de cualquier aspiración futura.

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