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A criterio deColumnasMarco Moreno

La sequía, el mal que nos persigue


A pesar de las constantes lluvias registradas en la entidad, las condiciones de sequía severa se mantiene en al menos 17 municipios de la entidad, aun cuando ha principios de septiembre se hablaba de más de 60 municipios con algún tipo de sequía.

La Comisión Nacional del Agua (Conagua), no ha dicho toda la verdad sobre el problema de la sequía en la entidad, pues aun cuando reconoce que hay municipios con una sequía severa, no establece de manera clara las causas, tampoco los riesgos que conlleva un problema de ese tamaño para la entidad.

Cuestiones que son importantes para la entidad y que necesariamente afectan las condiciones de bienestar de la población y el futuro ambiental de la entidad.

La sequía que va de anormalmente secos a una ligera disminución en esta temporada de lluvias se ha mantenido por un período extraordinariamente largo y las zonas más afectadas en este momento son la región Otomí – Tepehua, la zona de la Huasteca, y parte de la Sierra Alta, lugares que concentran una gran biodiversidad y que la modificación climática a la que se enfrentan deja entrever los riesgos de pérdidas mayúsculas en esas zonas.

En el marco del cambio climático, la sequía no solo se antoja de anormalmente seca, sino además con aire de desastre ambiental en la entidad, porque ha sido vista siempre como una sequía y no como una característica propia de este fenómeno.

Fenómeno del que se ha hablado cotidianamente y al que se ha buscado responder con programas de adaptación y mitigación, pero de los cuales no se ha conocido resultado alguno.

Dentro del plan se habla de los escenarios climáticos y se usa para señalar un estado probable del sistema climático. Entonces es posible modelar escenarios en los que confluyen, actividades económicas, recursos naturales y núcleos poblaciones que desarrollan actividades relacionadas con el entorno o que generan impacto en este.

Y aun cuando uno de los objetivos del programa es disminuir al máximo “las afectaciones y pérdidas que pueda conllevar el cambio climático sobre los sistemas sociales, biológicos y económicos, mediante el fortalecimiento de las capacidades de adaptación que ya tengan estos sistemas”, no se ve, no se encuentra el camino que están siguiendo las autoridades ambientales y todas aquellas que están directamente involucradas en el tema.

En relación a los inventarios que debieron realizarse en los años 2015 y luego en 2020, no se dio a conocer resultado alguno, sobre todo, los relacionados en torno al porcentaje de más, menos 20 entre los valores calculados y los resultados esperados.

Tampoco las medidas de mitigación y adaptación que deberían resultar de la lectura e interpretación de los resultados que permitan garantizar la integridad ambiental y la transparencia en el manejo de datos y programas.

Hasta ahora, podemos ver cómo el deterioro ambiental continúa agravándose cada día y los resultados no fueron transparentados, al menos con la gente no. Lo que hace que las personas no tomen conciencia del fenómeno y sus profundos impactos en su bienestar. Desinformación y confusión es lo que en el tema de cambio climático y sequía se da.

A pesar de que al presentar el plan, se aseguró que “el estado de Hidalgo, se encontraría entre una de las entidades a nivel nacional que cuente con una Estrategia Estatal de Mitigación y Adaptación ante el Cambio Climático”, hasta ahora, solo se ha quedado en una afirmación, una declaración que se estrelló en el duro acantilado de la realidad ambiental del estado.

Empresas cementeras, generadoras de energía, textileras, caleras, extractivas entre otros, además de las obras de ampliación del parque vehicular en las principales ciudades del estado, marcan que la administración pública, en ese momento, marchó por un derrotero diferente al que se había marcado.

Su carácter técnico y su complicada aplicación no lo hacen candidato a un tema central del gobierno del estado, al menos no tiene el mismo impacto que el discurso de combate a la corrupción.

Pero a pesar de ello, es menester que empresas concretas como Minera Autlán, responsable de muchos daños ambientales en la zona en la que se encuentra asentada, y otras en los municipios de Tula, Atotonilco de Tula, Tepeji, Huichapan y otros municipios, deberán de decidir, junto al ejecutivo del estado, la forma en que habrán de colaborar en la reducción de emisiones. Incluyendo, por supuesto, la termoeléctrica “Francisco Pérez ríos” y la refinería “Miguel Hidalgo”

La sequía, es un tema que pone en riesgo la biodiversidad del estado de Hidalgo. La inacción en el ámbito ambiental, es un hecho peor que la sequía misma, es omisión de responsabilidad ambiental. Y eso, corresponde a la actual administración pública de Hidalgo, Ni más ni menos.

 

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