Secuestrados

Don Mario había salido con tiempo de Tuxpan para llegar a buena hora a la Ciudad de México.

Cargó su camión con la mercancía que debería de entregar a sus clientes que ya lo esperaban.

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Si todo salía como lo tenía planeado, estaría entrando a la Ciudad después de mediodía. Con la autopista el recorrido es más rápido.

Pero Don Mario no contaba con el bloqueo que habitantes de la comunidad de Tepepa del municipio de Acaxochitlan instalaron en la autopista para exigir a las autoridades que los dotaran de servicios como agua potable, una escuela y una planta tratadora, le arruinara sus planes.

Con asombro comenzó a ver que se detenían los vehículos e hizo lo mismo.

Detrás de él, cientos de automotores comenzaron a extender la fila que en poco tiempo se fue haciendo más larga.

Con la experiencia que da la carretera, Don Mario se bajo de su camión y lentamente se fue acercando a los manifestantes, que en tono agresivo y por momentos violento, gritaban sus consignas, para exigir lo que aseguraban era su derecho, valiéndoles los derechos de los otros.

De nada sirvieron los ruegos de que abrieran un carril, porque algunos conductores llevaban productos perecederos que en el rayo del sol se echarían a perder.

Tampoco escuchaban a las personas que les pedían que los dejaran pasar porque tenían que llegar a su trabajo.

El tiempo fue pasando y ninguna autoridad se acercaba al lugar para conocer las demandas de los manifestantes y en todo caso establecer una mesa de dialogo.

Ya encabronado, Don Mario preguntaba ¿por qué chingados no ha venido nadie a escuchar a los vecinos de Acaxochitlán? Como no son ellos los que están aquí padeciendo, sin tragar, con frío, les vale madres, comentaba con los choferes que padecían por el infame bloqueo.

Al amanecer el encabronamiento era generalizado y nadie acudía para siquiera intentar hablar con los manifestantes.

Sorprendido Don Mario que por años recorriendo carreteras sabía que los bloqueos no duraban más allá de mediodía.

Habían pasado ya 36 horas y nada que se desbloqueaba la carretera. Un vecino de la región atorado en la maraña de vehículos comentaba que eso tenía tintes políticos y todo por las elecciones que se vienen en unos cuantos meses.

Y eso a nosotros qué chingados nos importa, respondió desesperado Don Mario, si nosotros ni conocemos al tal Sosa a quien se quieren chingar.

Total, que nada, ni nadie logró convencer a los manifestantes de que llegaran a acuerdos y retiraran el bloqueo, a nadie le importaron los miles de conductores literalmente secuestrados en una carretera.

Palabras más, palabras menos.

Ya nadie esta a salvo de los robos a casa habitación en Pachuca. Ahora fue la familia de un personaje de la política pachuqueña, quien sufrió el asalto a la residencia de sus progenitores.

Los vecinos se extrañaron que la puerta de la casa estuviera abierta, por lo que llamaron a la policía que poco después llegó solo para confirmar que los ladrones entraron y se llevaron todo lo que pudieron. Pues no que tan seguros estamos.

De nada sirven las marchas denunciando el maltrato a la mujer. En Pachuca las jóvenes siguen padeciendo el acoso, sobre todo en el transporte público.

Una joven me comentó que fue tal el acoso en la combi, que asustada tuvo que bajarse antes de llegar a su destino, porque el sujeto que iba en la Urban, la estaba molestando y gacho. ¿Y sabe usted que hizo el puto conductor? Nada.

La Columna de Bertha Alfaro @soyalfarored

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