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A criterio deCarlos M. UrzúaColumnas

Salario justo


En 1877, un año después del inicio del porfiriato, el salario mínimo diario equivalía a unos 64.3 pesos de 2018. En 1911, el último año del porfirismo, el salario se había reducido a 60.1 pesos (de 2018). Durante ese largo periodo, el salario mínimo más alto en términos reales fue de 78.3 pesos, en el año de 1899, mientras que el más bajo fue de 57.1 pesos, precisamente en 1910. Todas las cifras anteriores de acuerdo con una muy útil tabla que la actual Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) se ha dado a la tarea de publicar periódicamente.

La injusta, por decir lo menos, contención salarial que se dio durante el porfiriato pretendía ser, supondríamos, un aliciente para que las empresas extranjeras invirtieran en México. En efecto, el porfiriato coincidió con un largo periodo de liberalización comercial y financiera en el mundo, el cual inició en la década de los 70 del siglo antepasado y prosiguió hasta los años 20 del siglo pasado.

Pero el periodo del porfiriato no ha sido el único donde hubo una marcada contención del salario mínimo por parte de las autoridades mexicanas. Como quizás usted recuerde o imagine, durante los años 90 del siglo pasado y las dos primeras décadas de este siglo sucedió algo similar. Si se toma como referencia el salario mínimo diario en 1994, el año en que dio inicio el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, este equivaldría a unos 97.3 pesos de 2018. Poco, quizás piense, pero ese monto fue sustantivamente mayor a los que vendrían en los siguientes 25 años. Por ejemplo, durante la primera década de este siglo, el salario mínimo real estuvo oscilando anualmente entre lo que apenas serían 76 y 78 pesos de 2018.

No fue hasta este año, 2019, que el salario mínimo rebasó al fin el monto de 1994. En efecto, el salario mínimo para este año es 102.68 pesos nominales, lo que equivaldría a un poco más de 99 pesos de 2018. La primera cantidad resultó de incrementar en 16.21 por ciento el salario mínimo de 88.36 pesos que rigió en 2018. Ahora bien, aunque el beneficio de tal incremento para los trabajadores formales de menores ingresos fue más que claro, algunos podrían preguntarse si esa política tuvo o no consecuencias negativas para la economía en su conjunto. De hecho, los críticos acérrimos de esa política salarial pronosticaban un incremento de la inflación y un repunte en el desempleo. Pero nada de eso ocurrió.

La anterior afirmación podría aún ser disputada por los críticos, al argüir que su pronóstico no fue cierto simplemente porque la economía está estancada. Pero, curiosamente, hay una manera de resolver la disputa de manera empírica: dado que en la zona libre de la frontera norte el salario no solamente tuvo en 2019 un incremento del 16.21 por ciento sino del 100 por ciento, entonces podría compararse lo que pasó allí este año con lo que pasó en el resto de la República.

Usando ese enfoque, la Conasami encontró que el incremento extra en el salario mínimo no tuvo efecto alguno en el empleo formal; esto es, el crecimiento del empleo en la zona libre fue similar al del resto del país, aunque los incrementos del salario mínimo hayan sido muy diferentes. Además, en el caso del ingreso por trabajador, el alza diferenciada del salario mínimo tuvo efectos positivos: en la zona libre los trabajadores ganan en general 6.7 por ciento más que en el resto del país.

Debido a esos hallazgos, y al hecho de que el salario mínimo sigue siendo poco de acuerdo con estándares internacionales, en 2020 habrá otro incremento sustantivo, esta vez de 20 por ciento. Bien por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, e igualmente bien por las cámaras empresariales que se unieron a esa decisión. El momento para dar ese último salto era ahora o nunca.

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