A criterio deAntonio Reyes

Renuncia de priistas a su militancia, un mal augurio para Hidalgo

El PRI es un partido, hasta hace algunos años, hegemónico en el país y el estado de Hidalgo fue uno de los más priistas de México, su necedad al cambio y a la alternancia política ubicaron a la entidad sumida en una desgracia por decisión institucional.

La resistencia a los cambios, permitieron que muchos de sus municipios se encuentren dentro de los más pobres a nivel nacional, cuyos niveles de desarrollo son comparados con algunos países de África. Desde luego, el origen de esa tragedia es la de un partido hegemónico, que mantuvo bajo su control al estado por casi 100 años.

Justo cuando en 2018 se dieron visos de un cambio, de una renovación en la vida pública del país, con ello, nuevas formas de aplicar la política y un nuevo rumbo en la relación institucional con el pueblo impulsada por Morena, se aprovechó coyunturalmente por aquellos renegados y quienes vieron truncados su futuro político en el PRI, para migrar al nuevo partido, habido por liderazgos sólidos.

A partir de entonces, el PRI aceleró su fragmentación conforme iba perdiendo espacios de poder en el país, en los estados y en los municipios, donde en algunos casos este partido, si no ha desaparecido, sí ha llegado a límites de la irrelevancia.

En días pasados, luego de la renuncia del exgobernador Omar Fayad, quizá uno de los peores exgobernadores, quien no solo hundió a su partido, sino también al estado, olvidándose de los que siempre han estado olvidados, más priistas renunciaron al PRI, bajo el argumento de la verticalidad con la que la dirigencia nacional ejerce el poder, como si esa fuera una novedad.

Sin perder la esencia, alcaldes, regidores y dirigentes municipales del PRI recibieron la instrucción, renunciar a su militancia.

En el Valle del Mezquital, el PRI es un partido irrelevante, son décadas que han dejado de gobernar a los municipios y los distritos que han logrado conquistar hasta antes del 2018 ha sido por los votos que han aportado los habitantes de la Sierra Gorda, los cuales han hecho la diferencia.

Además de la descomposición nacional de este partido, liderazgos locales, como Roberto Pedraza, agilizaron desde hace años, a que el PRI no fuera ya una opción política, por el contrario, se ha optado por sepultar cualquier posibilidad para que este instituto político se vuelva a instalar en algún espacio de poder.

Actualmente, priistas que hasta hace años presumían su militancia, se encuentran encaramados en Morena, exigiendo espacios de poder como un derecho de nacimiento, las mismas prácticas que hicieron que el PRI hoy esté en vías de convertirse en un partido satélite que es a lo mucho a lo que aspira en la vida pública.

En este pragmatismo de sobrevivencia política, para nada es alentador la renuncia de estos políticos a su militancia, porque los veremos nuevamente peleando espacios de poder bajo otras siglas. Por ello, vale mucho la pena que la sociedad haga nuevamente una reflexión y hacer valer la participación social y cerrarles el paso.

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