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A criterio deBertha AlfaroColumnas

¿Quién le pide cuentas a los diputados?

Hasta ahora es una incógnita la respuesta a esta pregunta existencial que deberíamos estar haciendo los ciudadanos


Hasta ahora es una incógnita la respuesta a esta pregunta existencial que deberíamos estar haciendo los ciudadanos a nuestros representantes ante el Congreso de la Unión.

Realmente son pocas las organizaciones, y menos los ciudadanos, que han logrado penetrar ese bloque inquebrantable de opacidad y valemadrismo que rodea a los legisladores de las cámaras y dejan la manga ancha para que los diputados hagan literalmente lo que su rechingada gana se les da.

Pero eso sí, cuando los diputados obtienen un triunfo, como el más reciente, con el que madrearon al estado de Hidalgo con una reducción del presupuesto, son capaces de presumirlo en sus redes sociales y hasta burlarse de los diputados que de manera valiente votaron en contra de tal determinación.

Es inconcebible que de los 10 representantes de Hidalgo solo la diputada Gloria Romero se fajara los pantalones y con huevitos defendiera el presupuesto, mientras otras se carcajeaban por haber aplastado la decisión en contra de los intereses de Hidalgo, con una mayoría que solo ha servido para rendirle a su creador y no a quienes les otorgaron el privilegio de irse a sentar tres años a una curul que no merecían.

Es vergonzoso que las representantes populares utilicen las redes de su partido para asegurar que algunos medios están opinando sin saber qué fue lo que ocurrió con el presupuesto.

¡No nos trate como pendejos, diputada Simey!

Le recuerdo, que sabemos perfectamente que ustedes no disminuyen el presupuesto, pero lo que sí pueden hacer, y es su obligación, es defender con su voto que no se hagan recortes en partidas esenciales y programas prioritarios, para eso se les eligió, para que estuvieran del lado de los pobres y no en contra de ellos.

Ya después de ahogado el niño, ahora quieren tapar el pozo con explicaciones que seguramente ni ustedes entienden, porque es un hecho que ni siquiera revisaron el proyecto de presupuesto, pero como la orden era aprobarlo sin modificaciones, pues ahí estaban, oprimiendo el botón a favor y aplaudiendo sin enterarse de la madriza que les acomodaban a sus paisanos.

Así que, al no tener argumentos razonables, ante el menor cuestionamiento a su torpeza se encabronan por los reclamos justificados y no tienen el valor de enfrentarse a la rendición de cuentas.

Nadie sabe lo que hacen, los gastos que realizan; para acabar pronto, ni la Auditoría Superior puede fiscalizar el gasto de las bancadas, es una opacidad total y tampoco nadie se entera si atienden a los habitantes de su región.

En el tercer distrito, con cabecera en Actopan, por ejemplo, hay ciudadanos que han intentado establecer contacto con su representante en el Congreso para pedirle que ayude a ingresar a adultos mayores a programas de beneficio para este sector y hasta ahora ni siquiera les toma la llamada.

Rendir cuentas y atender a los ciudadanos no es un favor, es una exigencia y debieran hacerlo por una obligación ética.

Lamentablemente, estos personajes no han querido legislar en ese tema, de güeyes lo hacen.

Palabras más, palabras menos

Volvió a pasar, ahora fue en la comunidad del Daxtha, en Actopan. Los rumores, los chismes de que una niña había sido robada fueron suficientes para que una turba sin la menor explicación golpeara hasta medio matar a un joven, a quien se le culpaba de desaparecer a la menor, cuando en realidad lo único que hizo fue llevar de regreso a su casa a la niña que estaba perdida, versión que la abuelita de la niña también confirmó.

Pero como la turba no escucha, no entiende, golpearon al muchacho hasta dejarlo inconsciente; horas después, el joven murió y su familia exige justicia.

Bertha Alfaro

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