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A criterio deColumnasSalvador García Soto

¿Por qué AMLO no rompe el pacto?


Ni las mujeres enardecidas que ayer tiraron parte de su muro ni las otras mujeres que un día antes lo convirtieron en un homenaje a los cientos de miles de víctimas del feminicidio en México ni algunas de las voces femeninas y feministas más lúcidas de este país que le piden comprender y entender que las demandas y reclamos de las mujeres no son un tema político y que su lucha no tiene partido, han logrado que Andrés Manuel López Obrador se mueva un ápice en su percepción conspiracionista sobre las protestas y movilizaciones de las mujeres mexicanas y mucho menos que el presidente rompa el pacto de impunidad que mantiene a Félix Salgado Macedonio, con todo y las acusaciones de violación en su contra, como candidato firme de Morena al gobierno de Guerrero.

Es tanta la obcecación presidencial en defender a un personaje tan cuestionado como Salgado Macedonio, aún con los costos que eso le está significando y le puede significar al gobierno de la 4T y a Morena, que no son pocos los que se preguntan ¿qué le debe López Obrador a Félix o qué tipo de pacto inquebrantable existe como para que el mandatario asuma como propio el golpeteo que significa la postulación de una figura que incluso enfrenta denuncias penales por presunta violación y convierta este tema en una especie de declaratoria de guerra contra los colectivos feministas y grupos de mujeres que le piden no apoyar al guerrerense?

A la pregunta de por qué el presidente está dispuesto a “morirse en la raya” con la candidatura de Félix, fuentes de Palacio Nacional nos respondieron que López Obrador está convencido de que todas las acusaciones que se le formulan a Salgado Macedonio tienen un “trasfondo político”.

Según el análisis político que le han presentado al presidente sus asesores hay dos grupos detrás de la “campaña” contra Félix Salgado que han movido el tema y presionan para su destitución de la candidatura: uno es el que encabeza el priista Manuel Añorve, que tiene rencillas históricas con el morenista e intenta evitar a toda costa que sea gobernador; y el otro es de casa, de la misma 4T y lo encabeza Irma Eréndira Sandoval, impulsando la fallida candidatura de su hermano Pablo Amílcar Sandoval. La secretaria, dicen en Palacio, está obsesionada y dedicada a tumbar a Salgado Macedonio y opera con información y grupos que presionan en el estado para minar al candidato. A pesar de que su hermano Pablo Amílcar ya anunció públicamente que renunciaba a cualquier aspiración y no quiso participar en la última encuesta, detrás de eso estaba la intención de buscar que también Félix declinara y se dejara pasar a una candidata mujer, cosa que no aceptó Salgado.

Ha sido tan intensa la operación y la obsesión de Irma Eréndira en Guerrero, que incluso ya generó molestia en el presidente y una señal de eso fue el lugar, en tercera fila, que le dieron ayer 8 de marzo, en la conferencia mañanera donde la titular de Función Pública apareció relegada, muy atrás en la presentación de las mujeres de la 4T.

“El presidente no se deja llevar por periodicazos o presiones de los grupos de derecha, es un juego de vencidas, donde el presidente sintió que lo quieren doblar y está decidido a resistir”, comentó la fuente de presidencia. Así que ni los gritos desesperados de miles de mujeres en Guerrero y en todo el país ni los muros convertidos en monumento a las víctimas y luego derribados por la marea morada del 8M ni los mensajes iluminados sobre Palacio Nacional o las firmas de 2 mil 500 mujeres mexicanas destacadas lograrán que López Obrador se mueve ni un ápice: ni en su percepción de que todo el movimiento femenino y feminista es parte de una conspiración en su contra ni en su capricho de defender, contra viento y marea, a un presunto violador para el gobierno de Guerrero.

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