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A criterio deColumnasSalvador García Soto

Pedro el duro, protegido de la señora


La propuesta que ayer presentó el presidente López Obrador y que anunció la Secretaría de Relaciones Exteriores para el nombramiento de nuevos embajadores y cónsules de nuestro país en el extranjero detonó fuertes reacciones. Tanto dentro del PRI por la presencia de dos exgobernadores priistas que aceptaron designaciones diplomáticas del gobierno de la 4T, como al interior de Morena y en las redes sociales, donde el nombramiento de Pedro Salmerón Sanginés como nuevo embajador de México en Panamá desató una avalancha de denuncias y reacciones negativas por casos de acoso sexual en los que ha sido acusado el morenista.

Pero mientras entre los priistas el tema de Claudia Pavlovich y Carlos Aysa, exmandatarios de Sonora y Campeche, no hace sino exhibir la profunda división interna, en Morena el caso de Salmerón y sus múltiples denuncias de acoso habla de impunidad conocida y tolerada desde las más altas esferas del partido oficial y del gobierno, en el que al historiador por la UNAM se le pasan por alto tan graves acusaciones porque tiene apoyos dentro de Palacio Nacional, concretamente de su colega la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, quien primero lo mandó al INEHRM, de donde salió rebotado por su visión romántica de la guerrilla de la 23 de Septiembre, y ahora lo impulsa para llegar como embajador a Panamá.

Pedro Salmerón tiene un doble blindaje que lo ha hecho salir hasta ahora impune de sus excesos y delitos sexuales en contra de jóvenes mujeres, tanto militantes de Morena en los estados del país, como de estudiantes del ITAM que lo han acusado no sólo de acoso sexual sino de violencia verbal y machismo. Por un lado, su pertenencia al grupo de Martí Batres, de la izquierda más radical morenista, le da protección en las cúpulas partidistas, mientras que en el gobierno su relación personal y directa con la esposa del presidente, Beatriz Gutiérrez, a quien conoce desde los años en que sus hijos pequeños iban juntos a la escuela, le brinda un apoyo que lo hace sobrevivir al escándalo.

Políticas morenistas y de la oposición retomaron las acusaciones de la joven exmilitante de Morena, Estefanía Veloz, quien acusó que Pedro Salmerón la había acosado y ofendido a ella y al menos siete mujeres más del partido gobernante, a muchas de las cuales atacaba durante sus giras por la República.

Y mientras el nombre de Salmerón desata tormentas mediáticas y de redes, en el caso del PRI las dos propuestas de la exgobernadora de Sonora y el exmandatario de Campeche, ambos premiados por el presidente López Obrador por haber entregado dócilmente a su estado en las pasadas elecciones a los candidatos morenistas, ocasionaron una reacción del dirigente nacional, Alejandro Moreno, que parece más teatral e histriónica que otra cosa, cuando el líder priista amenaza con “expulsar de las filas del PRI” a Pavlovich y a Aiza, por aceptar ser parte del gobierno lopezobradorista.

Así que ese paquete de nombramientos y propuestas diplomáticas del presidente terminó no sólo siendo polémico, sino explosivo porque ya sabíamos que López Obrador, igual que todos sus antecesores del PRI y del PAN, utilizaba los cargos diplomáticos en consulados y embajadas como un “premio político” para sus cuates y recomendados, incluso sabíamos que el presidente estaba regalando embajadas y representaciones del país a exgobernadores priistas y panistas no sólo para pagarles favores y sumisión, sino también para confrontar y debilitar a la Alianza Opositora “Va por México”; pero lo que sí sabíamos y fue lo que más causó primero sorpresa, después indignación y finalmente repudio, es que desde Palacio Nacional apoyen e impulsen a un hombre que acosa y maltrata mujeres. Eso sí que lástima y ofende.

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