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Pachuca víctima de una pandemia hace un siglo

Hace poco más de un siglo, en el verano de 1918, un soldado norteamericano de la Primera Guerra Mundial, llegado al puerto francés de Brest, inició el contagio de una atípica gripe o influenza que pronto se propagó en todo el mundo provocando la muerte de cerca 50 millones de personas, entre niños, adultos y ancianos. Fue llamada Gripe Española, en razón de que fue el país ibérico el que difundió la mayor información de aquella gran peste, primera padecida por la humanidad a principios del siglo XX, ya que los otros países europeos estaban enfrascados en la Gran Guerra.

En México, el contagio se inició en el otoño de 1918 y causó más 300 mil muertos, en una población que frisaba los 13 millones de habitantes. Pachuca, con poco más de 35 mil pobladores, sufrió el embate de aquella epidemia, que en tan solo dos meses aniquiló a cerca de 2 mil personas, es decir, poco más de 6 por ciento de la población total.

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No obstante la difícil situación, poco fue lo que la prensa de la época difundió sobre los estragos causados en cientos de familias, probablemente en razón de que la gran mayoría de las publicaciones noticiosas, se hacía en medios semanales o quincenales –El Observador, primer diario de la ciudad, apareció hasta el 1 de febrero de 1919– y por entonces resultaban más atractivas la noticias relativas al enfrentamiento que protagonizaban el gobernador general Nicolás Flores y la legislatura local en torno de la redacción y publicación de la Constitución del Estado, o bien sobre las disputas que sostenía el gobierno del estado y la Asamblea de Pachuca.

Solo El Barreno –semanario que se conoce por referencias del Periódico Oficial del Estado– difundió de manera amplia la situación que prevalecía, aunque se desconoce el contenido de sus notas. Es la historia oral la que realmente permite conocer con mayor amplitud lo acontecido en aquellos terribles 45 días, en los que, a decir de Teodomiro Manzano, se desarrolló su contagio de manera alarmante; inclusive, señala que una de sus víctimas fue el diputado Austreberto Bárcena, que, como integrante de la XXIV Legislatura, encabezaba la oposición contra el gobernador Flores.

En pleno desarrollo del contagio de la Gripe Española el periódico oficial daba cuenta de la licencia que por causa de enfermedad –seguramente contagiado– había solicitado el reconocido galeno David Hermosillo, a la vocalía que ejercía en el Concejo de Salubridad del Estado, y el 8 de noviembre de ese mismo año esta misma publicación daba cuenta de un lazareto – hospital especial dedicado al tratamiento de enfermos infecciosos– establecido provisionalmente en el Hotel Metropolitano de la calle de Allende.

Pero la más impresionante información de aquella epidemia en Pachuca la obtuve una airosa tarde, hace poco más de 50 años, de viva voz de doña Catalina Cravioto, viuda de Téllez Girón, quien sentada frente una de las ventanas de la vieja casona construida por don Ramón Riverol en la hoy calle de Zaragoza recordaba aún aterrada los estragos de la influenza española. Mire usted, me dijo, todos los comercios del centro de Pachuca cerraron por espacio como de tres semanas o un mes y las calles estaban vacías. En la vecindad de Texas –que era propiedad de su familia– los cadáveres fueron hacinados en el primer patio –la vecindad tenía cuatro y el primero era el que estaba entrando por la calle de Guerrero– porque allí pasaba La Leona, una maquina eléctrica de la compañía Real del Monte y Pachuca que rodaba por las vías del tranvía y en los vagones de carga, se echaba a los muertos que no podían velarse por el riesgo de contagio. Para realizar esta operación fue construida una vía férrea a lo largo de toda la calle de Abasolo y doblaba al poniente por la Calzada de la Veracruz hasta llegar a la puerta trasera del Panteón de San Bartolo donde eran o llevados a la fosa común para darles sepultura, o bien, eran incinerados, sin que sus parientes supieran adonde habían ido a parar.

Por las calles se escuchaban con frecuencia el grito consternación de los familiares que perdían a algún ser querido muerto por el contagio de esa terrible peste.

Las tardías medidas tomadas por la autoridad mucho coadyuvaron, primero, a la expansión de enfermedad y, en seguida, a exhibir las terribles carencias hospitalarias que había en la ciudad. El Barreno dio cuenta, se señala en una antigua revista de la Cruz Roja pachuqueña –del año de 1943–, de la impotencia del viejo Hospital Civil de la ciudad para curar o al menos mitigar los efectos de aquella enfermedad que enlutó a cientos de familias.

Todo indica que a finales de noviembre o tal vez principios de diciembre de 1918 los efectos de la epidemia empezaron a disminuir, pues el Periódico Oficial del Estado dio cuenta en su número del 1º de diciembre de ese año sobre la clausura del Lazareto, instalado en el Hotel Metropolitano, pero los efectos de aquella peste, contaba doña Catita Cravioto, estremecieron por muchos años a los pachuqueños.

Poco más de un siglo ha transcurrido de aquella epidemia de gripe española, en la que nada tuvo que ver con España, país que es hoy una de los más afectados con el Covid-19. La fotografía que ilustra este artículo es la imagen del viejo Hospital Civil de Pachuca hacia el año 1909, 10 años antes de la epidemia de gripe española.

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