Medio Siglo del Palacio de Gobierno hidalguense

Cinco han sido las sedes en las que han despachado los 67 gobernadores del estado –entre constitucionales, interinos y provisionales–; la primera fue un pequeño local de cuatro habitaciones, arrendado en la planta alta de la farmacia El Refugio, ubicada en la acera oriente de la entonces plaza de Las Diligencias —hoy de la Independencia— donde permaneció del 28 de enero de 1869 hasta finales de 1870, de modo que solo despacharon aquí los gobernadores Juan C. Doria y Antonino Tagle, primero provisional y primero constitucional.

La segunda sede fue un edificio adquirido en la calle de Iturbide —hoy Venustiano Carranza— frente a las Cajas Reales, donde tras diversas adaptaciones,despacharon los siguientes cuatro titulares del Ejecutivo estatal, hasta el año 1883 u 84, cuando el gobernador Francisco Cravioto trasladó las oficinas del gobierno local a un edificio ubicado al nororiente de la Plaza de la Constitución, que perteneció al antiguo curato de la parroquia de La Asunción, expropiado por las Leyes de Reforma en 1863, en favor de su primer propietario Don Francisco Lambert, a quien se adquirió para convertirlo en flamante palacio gobierno.

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En 70 años despacharon en aquel sitio más de 30 gobernadores. Correspondió a don José Lugo Guerrero adquirir, adaptar y ocupar, la nueva sede del poder Ejecutivo, el edificio conocido como Casa Rule, que fue construido hacia 1896 por el afamado empresario Minero Francisco Rule. Esta nueva sede fue solo ocupada por siete gobernadores —de José Lugo Guerrero a Manuel Sánchez Vite— ello debido a que su espacio fue pronto insuficiente para alojar a las diversas dependencias que se fueron agregando al ejercicio de gobierno.

Al arribar el 1 de abril de 1969 a la gubernatura del estado, el Profesor y Licenciado Manuel Sánchez Vite, afamado líder magisterial a nivel nacional, se propuso construir una nueva sede del poder Ejecutivo del estado, escogiendo un amplio polígono al sur de la plaza Juárez, donde, por cierto, ya se encontraba el poder Legislativo local –un edificio que intentó con poca fortuna remedar la fachada del antiguo teatro Bartolomé de Medina demolido en 1943. El proyecto, los cálculos constructivos y la edificación misma del nuevo palacio fueron encargadas a los ingenieros Manuel, Arturo y Homero, todos de apellido Sánchez Jiménez —que eran hijos del gobernador—; poco más de un año duraron los trabajos para edificar la nueva sede del Ejecutivo, realizada dentro de las reglas estructuralistas del modernismo constructivo y bajo los supuestos del utilitarismo pragmático, como declarara el mismo gobernador Sánchez Vite, “…no se trata de una obra de arte que rivalice con las maravillas del mundo moderno, sino de un edificio funcional y decoroso para tratar y arreglar los asuntos que le competen al poder Ejecutivo del estado en espacios amplios y dignos, tanto para el pueblo como para los funcionarios públicos.”

El nuevo palacio de gobierno modificó la vida urbana de Pachuca, al trasladar la gran movilidad ocasionada por las oficinas públicas de la plaza General Anaya –donde está la Casa Rule– a la plaza Juárez, cuyo contorno fue segado al sur, para dar acceso a las oficinas gubernamentales. La imagen de la nueva edificación debido a su concepción un tanto conservadora a pesar de su concepción modernista no rompió con la imagen urbana de aquella ciudad provinciana, todavía minera.

Tres lustros después, debido a que las oficinas gubernamentales resultaban ya insuficientes, el gobernador Guillermo Rossell de la Lama expandió el área de oficinas, de modo que los corredores oriente y poniente desplantados en el primer piso que rodeaban a la construcción, se aparearon con el último piso, convirtiendo al edificio en una verdadera vitrina, lo que dio al traste con su imagen primigenia, aunque logró ganar varios metros y amplió notablemente los espacios de diversas oficinas y como se conserva hasta hoy.

En 50 años, 13 han sido los gobernadores que han desfilado por el palacio de la plaza Juárez, —entre constitucionales e interinos— y ha sido mudo testigo de innumerables hechos históricos en la vida del estado, que van desde las manifestaciones por la desaparición de poderes, alrededor del 29 de abril de 1975, hasta los plantones de grupos activistas, sin olvidar las tradicionales ceremonias del 15 de septiembre —este año, por cierto, suspendida debido a la contingencia sanitaria—; tampoco podrán soslayarse las múltiples visitas de presidentes de la República, secretarios de Estado, embajadores y otros personajes de importancia en su momento.

Solo uno de sus constructores sobrevive a este medio siglo, el ingeniero Arturo Sánchez Jiménez, quien seguramente recordará aquellos intensos meses entre 1969 y 1970, en que fue construido el edificio, ante la severa mirada de su padre, el gobernador Manuel Sánchez Vite.
Con estirones y modificaciones a su estructura, no siempre afortunadas, con mil y un recuerdos halagüeños para unos, tristes para otros; hoy el Palacio de Gobierno hidalguense cumplirá 50 años, en la soledad y silencio de esta noche septembrina y, la historia de este jirón de la patria se regodeará, contando historias y hasta leyendas de esta mole de varillas, cemento y cristales, que a unos gusta y otros no.

La imagen que ilustra esta entrega corresponde a una fotografía tomada en octubre de 1970 al Palacio de Gobierno hidalguense, cuando aún no se cumplían 30 días de su inauguración, de modo que a través de ella puede notarse su imagen primigenia.

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