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A criterio deAlan AustriaColumnas

La primavera latinoamericana

Hay cuentas pendientes que los ciudadanos no olvidan


El coronavirus llegó a una América Latina todavía convulsionada por la ola de protestas que, de forma casi simultánea, sacudió a diversos países en la región hace más de un año. Y las manifestaciones comienzan a regresar reclamando antiguas exigencias sociales y también nuevos problemas derivados de la pandemia misma.

Tuve oportunidad de hablar esta semana con Sergio Sarmiento y Lupita Juárez en su programa de radio sobre el estallido colombiano en contra del Gobierno de Iván Duque que muchos identifican como un antes y después en la nación cafetera.

A pesar de los enfrentamientos que duraron décadas entre el Ejército y las guerrillas internas, Colombia era desde hace años un país relativamente estable. Ahora, los jóvenes, trabajadores campesinos, indígenas y periodistas unen sus reclamos en un movimiento que inició como un rechazo a la reforma tributaria.

Aunque decenas de personas han muerto y otros miles han resultado heridos, principalmente por los abusos policiales, los manifestantes han resistido en las calles de distintas ciudades.

Para algunos sociólogos, 2019 marcó una especie de Primavera Latinoamericana, recordando las movilizaciones de la llamada Primavera Árabe, el nombre con el que se ha identificado a la serie de protestas ciudadanas de carácter popular y político en clamor de la democracia y derechos sociales en el mundo árabe, principalmente desde inicios del 2011 y que tuvieron diferentes consecuencias en la zona: la caída de dictaduras en Túnez y en Egipto, el reforzamiento de la violencia en Yemen y la guerra civil en Libia.

Algunos analistas internacionales señalaron entonces similitudes entre la Primavera Árabe y las protestas latinoamericanas. Para otros, se trataba más de un “despertar global” pues las movilizaciones comenzaron fuera del continente americano.

Desde 2019 y hasta antes de las medidas de confinamiento, los latinoamericanos salían a marchar masivamente para expresar su descontento reclamando a los gobiernos diversos temas: el estancamiento económico, la corrupción, la desigualdad y otros problemas nacionales más específicos.

Ciudadanos de Venezuela, Perú, Honduras, Nicaragua, Chile, Bolivia, Haití, Ecuador, Colombia y México se manifestaron en las calles, por decir lo menos.

Pero en el caso mexicano los reclamos fueron principalmente en contra de la violencia de género, la desigualdad, la cultura del machismo y exigir un mayor apoyo a los derechos de las mujeres.

Llegando a su punto máximo con el llamado Un día sin nosotras, durante los días 8 y 9 de marzo de 2020, en el marco del Día Internacional de la Mujer.

En algunas naciones, las manifestaciones impulsaron cambios importantes. En Chile, ocasionaron cambios legislativos, de ministros del gobierno de Sebastián Piñera y terminaron con un histórico plebiscito y la convocatoria a la elección de una Asamblea Constituyente.

Las movilizaciones en Chile y las protestas actuales de Colombia nacieron de intentos de sus gobiernos de implementar medidas económicas polémicas (un aumento de tarifas del metro en Chile y una reforma tributaria en Colombia) y la falta de herramientas gubernamentales de diálogo con los ciudadanos fue un combustible que alimentó el estallido social.

Resulta difícil predecir qué puede pasar: Si es que las protestas se terminarán apagando y cediendo o si al no conseguir acuerdos continúen e incluso se expandan.

En América Latina la relajación de ciertas restricciones ya ha generado nuevos brotes de protestas. Y es que algunos gobiernos tienen cuentas pendientes que los ciudadanos, tras el invierno de la pandemia, no olvidan.

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