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A criterio deAlan AustriaColumnas

La pandemia nos enluta


Escribo esta columna no solo para quienes sobrellevan una temporada de luto. Es para todos los que estamos atravesando de una forma u otra, un dolor colectivo por la pandemia, que nos ha quitado nuestra vida anterior al 2020.

México es el país con la mayor tasa de mortalidad en el mundo por el coronavirus, es decir, la mayor cantidad de muertes por cada 100 contagios, según datos de la Universidad John Hopkins, que muchos medios de comunicación internacionales usan como referencia informativa.

Es fácil creer esta noticia, pues, aunque hay cuatro países con más fallecimientos relacionados al Covid-19 en el planeta, todos ellos tienen mucho más habitantes que nuestra nación: Estados Unidos, que tiene más del doble de habitantes; India, que tiene 10 veces la población mexicana, y Brasil, que tiene unos 100 millones más de habitantes.

¿Pero qué significa ocupar este triste lugar para los que hemos perdido a seres queridos?

Para muchos, la pandemia ha eliminado muchas de las tradiciones y rituales del duelo. Ya no se lidia de la misma forma con el sentimiento de pérdida. Llegan ahora los pésames de manera virtual, lo que ha deshumanizado las condolencias. Entendamos esta palabra como compartir el dolor ajeno: con-dolencia.

Por si fuera poco, la crisis sanitaria nos impide a la gran mayoría estar cerca de nuestros familiares. En menos de tres meses he perdido a cinco seres queridos de mi natal Hidalgo. No estuve allí para sus últimos momentos.

No estuve allí para sus últimas palabras. Es imposible no sentir además del luto, un sentimiento de culpa.

A pesar de que todos sabemos muy bien que la muerte es parte de la vida, las emociones nos dominan y la razón se ve sometida en los días de luto.

Es importante recordar que el dolor es el daño colateral del amor. Cuanto más se ama, más dolorosa es la pérdida. Y a menos que se procese, el dolor puede convertirse rápidamente en ira o depresión.

Aunque nuestros seres queridos se hayan ido, quedan sus recuerdos, esos flashbacks de momentos y vivencias compartidas. Aprovecho esta columna para recordar respetuosamente un momento con mis queridos paisanos, que me dieron tanta alegría.

Mi tío Raúl Tejeda me emocionó hasta las lágrimas en su boda de oro, al pronunciar sus votos matrimoniales que celebraron 50 años de casado con la hermosa Teresa Anaya.

Mi amigo Fernando Coiffier tenía un talento natural para alegrar a todos a su alrededor. Incluso a mis alumnos, normalmente aburridos, pero que se divirtieron mucho ante la presencia del talentoso locutor, a quien invité a dar un par de pláticas en mis clases universitarias.

Mi querida tía Teresa Austria, bondadosa de nacimiento, me dio apoyo emocional y económico durante mis primeros pasos en Televisa San Luis. Ella falleció esta semana de Covid-19, al igual que Fernando y Raúl, pero estos últimos meses, también tuve otras dos pérdidas inesperadas.

Mi tío Porfirio Austria, tuzo de corazón y gran juez, me enseñó mucho sobre la integridad, la motivación, la lealtad y la generosidad. Vaya que era dadivoso, incluso en su cumpleaños me regaló mi chamarra café preferida.

Y mi querido sensei, Hugo Puentes, a quien todos los que tuvimos el honor de conocerlo sabemos el legado de respeto, disciplina y amistad que nos deja el gran maestro.

Hay una sensación colectiva de pérdida en estos momentos: físicamente, para las personas que han perdido a sus seres queridos por la crisis sanitaria. Pero también metafóricamente, para los niños que han perdido horas en sus grupos de juegos; para los desempleados, que han perdido un ingreso estable; para las familias que perdieron horas valiosas que podrían haber pasado con parientes; para los jóvenes, alejados de las discotecas, y para todos aquellos que suspendieron emocionantes viajes o los que han dicho adiós a viejas rutinas con algunas de sus actividades preferidas.

Pero recordemos esto: durante el año 2020, nos hemos fortalecido, adaptado y crecido, resistiendo frente a una pandemia devastadora, por lo que seguiremos demostrando fortaleza ante las crisis que deriva la emergencia sanitaria.

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