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A criterio deColumnasHéctor de Mauleón

La misteriosa liberación del Güero Palma


La orden de absolver a Héctor Palma Salazar, alias el Güero Palma, uno de los líderes históricos del Cártel de Sinaloa, del delito de delincuencia organizada, llegó a la dirección general del Centro de Readaptación Social número 1, conocido como El Altiplano, en la madrugada del sábado 1º de mayo.

Exacto: sábado, primero de mayo, poco después de la una de la mañana, a una hora en que la Fiscalía General de la República, y las 32 fiscalías del país, se hallaban con la mayor parte de los focos apagados.

El mandamiento, enviado por el Juzgado Segundo de Distrito de Procesos Penales Federales, ubicado en Jalisco, ordenaba la inmediata y absoluta libertad del Güero Palma, “únicamente por el delito y causas referidas”, e indicaba que el viejo líder del Cártel de Sinaloa podría permanecer recluido en caso de encontrarse a disposición de alguna autoridad judicial por distinto delito.

La llegada al Altiplano del mandamiento judicial que ordenaba la liberación hizo que varias cejas se levantaran.
¿Liberación? ¿En sábado? ¿De madrugada? ¿El 1º de mayo, es decir en día feriado? ¿Con solo 24 horas para constatar si en las fiscalías semivacías de México, o en el departamento de justicia de los Estados Unidos, el Güero Palma tenía pendientes otras órdenes de aprehensión?

Ocho años antes, una madrugada de agosto de 2013, tras su desconcertante salida del penal, que incluyó una supuestamente “exhaustiva” investigación sobre los tres magistrados que lo habían liberado, la DEA incluyó a Rafael Caro Quintero en su cuadro de honor.

El viejo capo sinaloense se convirtió en el fugitivo más buscado: “La prioridad número uno” de la agencia antidrogas.

Sobre el gobierno de México pesa la sombra de haberlo dejado ir.

Todo esto regresó tras la llegada del documento que ordenaba la liberación del Güero Palma, narco de narcos en Sonora en tiempos del Padrino Miguel Félix Gallardo y efímero líder del Cártel de Sinaloa tras la caída en 1993 del Chapo Guzmán.

Recuerdo el impacto de su detención a mediados de 1995: El Güero Palma iba en avión a una boda en Guadalajara. Debido al mal tiempo la aeronave se desplomó. El Güero quedó gravemente herido: no llegó a la boda en la que se habían reservado 150 habitaciones: prácticamente todo el Fiesta Americana de Guadalajara.
Lo detuvieron días más tarde en la casa de Zapopan, Jalisco, que le había brindado, para su recuperación, el comandante judicial federal Apolinar Pintor.

La madrugada del sábado pasado, según fuentes de Prevención y Readaptación Social, así como de la Cancillería, la noticia de que un juzgado de Jalisco había ordenado su liberación corrió como pólvora en el gobierno federal. Llegó a la secretaria federal de Seguridad Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

Llegó también al presidente de la República. “Van a pensar que hicimos un acuerdo en lo oscurito”, dijeron en Palacio Nacional, de acuerdo con las fuentes consultadas.

Las secretarías de Seguridad y la de Relaciones Exteriores decidieron emitir un comunicado, en el que informaron que habían solicitado información a las fiscalías y al gobierno de Estados Unidos, por si acaso el Güero Palma tuviera algún requerimiento judicial.

Hasta anoche no había llegado nada. Fuentes de inteligencia señalan que Caro Quintero ya envió la señal que al Güero Palma le hacía falta: los viejos capos van por el control del territorio.
Abrazos, no balazos.

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