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A criterio deColumnasJuan Manuel Menes Llaguno

La Mano Negra —tercera y última parte —


Fue la organización de La Mano Negra, fundada por el exminero pachuqueño Manuel Parra Mata, entre 1928 y 1931, el brazo armado de los dueños de tierras en el estado de Veracruz, amenazados por los violentos grupos de agraristas prohijados por el entonces gobernador Adalberto Tejeda Olivares. Se cuenta que, en aquellos días, cerca de 16 mil hombres bien armados y a caballo, recorrían día y noche las haciendas veracruzanas, a efecto de frenar las tropelías del agrarismo.

Para lograr esta hegemonía, Parra Mata contó con un influyente aliado, el general Pablo Quiroga Escamilla, que fuera el primer secretario de Guerra y Marina con el general Lázaro Cárdenas, Quiroga —1934-1935— militar íntimamente, relacionado con los dueños de ranchos y haciendas en Veracruz y amigo personal de Parra, para esos días convertido en el principal defensor de los hacendados veracruzanos, que operaba desde su finca, la hacienda de Almolonga en el municipio de Naolinco.

Al concluir la gestión del gobernador Tejeda Olivares —“El azote de la Iglesia católica y de los terratenientes”— jurado enemigo de La Mano Negra, fue electo Gonzalo Vásquez Vega, con quien las invasiones de tierras se redujeron, situación que continuó, al ser llamado por el presidente Cárdenas para hacerse cargo de la Secretaría de Educación, siendo sustituido por Guillermo Rebolledo e Ignacio Herrera Tejada —ambos gobernadores interinos— que continuaron la política pacificadora con los dueños de tierras en Veracruz.

Sin embargo, a principios de 1936, dio inicio la campaña del Manlio Fabio Altamirano, postulado por el entonces Partido Nacional Revolucionario, con el que volvieron las amenazas para los propietarios de tierras en Veracruz. Altamirano se convirtió en el más acérrimo enemigo de los hacendados y por ende de la organización dirigida por Parra Mata. Manlio Fabio Altamirano era ampliamente identificado por su pensamiento “comunista” y su postura en favor del reparto de tierras, logrado a sangre y fuego, circunstancia que coadyuvó a su triunfo electoral debido al amplio respaldo de los grupos de agraristas veracruzanos.

Durante su campaña, Altamirano prometió reiteradamente que su primer acto como gobernador sería expropiar Almolonga”, lo que fue tomado como una declaración de guerra a La Mano Negra y a los hacendados veracruzanos.

Temeroso de que el gobernador electo cumpliera con sus amenazas, se dice que Manuel Parra fraguó su muerte, por lo que reunió a sus más cercanos colaboradores: Rafael Cornejo Armenta, Gildardo Alemán Lobillo, Rodolfo Vélez, el Gitano y Marcial Montano Segura, a quienes encargó cumplir con su plan, lo que sucedió el 25 de junio de 1936 en el interior del café Tacuba de Ciudad de México, mientras cenaba con su esposa. El asesino —señaló la prensa de la época— se introdujo en el restáurante y disparó seis veces sobre su víctima y luego salió con toda calma sin que nadie pudiera identificarlo.

El crimen enardeció a muchos políticos importantes de la época, como Fernando López Arias, Rafael Murillo Vidal — quienes llegarían años después a ser gobernadores de aquella entidad federativa— y Cándido Aguilar —influyente diputado constituyente por Veracruz— los que presionaron para que se ejerciera acción penal contra los supuestos implicados en el crimen, pero fueron liberados al poco tiempo.

El lugar de Manlio Fabio Altamirano fue tomado por Miguel Alemán Valdés, que renunció al Senado para contender en elecciones extraordinarias al cargo de gobernador veracruzano, lo que logró sin mayor oposición.

Fue el triunfo para Manuel Parra, que así se encumbró como el hombre fuerte de Veracruz y La Mano Negra como la organización de mayor presencia en aquella entidad. Por Almolonga desfilaron a partir de entonces los más eminentes militares veracruzanos, entre ellos los generales Alejandro Mange, Juan Soto Lara y el propio Heriberto Jara que además de exgobernador, era en aquellos años, comandante de la zona militar en esa entidad.

También se dice —comenta don Jorge Conde— que Manuel Parra logró que diversas poblaciones veracruzanas se rebautizaran con nombres hidalguenses como, Pachuquilla, El Chico, Acayuca y Actopan.

Manuel Parra no tuvo hijos, ni con Lucía su primera esposa, que murió después del secuestro de que fueron víctimas en 1931, ni de María, hermana de la anterior, con quien contrajo matrimonio poco después de aquellos hechos y murió en total calma en Almolonga, el 3 de mayo de 1943, víctima del enfisema pulmonar que contrajo en las minas de Pachuca, donde como se ha dicho trabajó por largo tiempo, condición que degeneró en la miocarditis, que causó la muerte, como determinó el doctor Mauro Loyo Sánchez, su médico de cabecera. Por disposición suya, su cuerpo fue traído a Pachuca e inhumado en el panteón municipal de San Bartolo, en el primer cuartel, lote 12, fosa 42, a perpetuidad, donde descansan los restos de este personaje de controvertida actuación en el México de la primera mitad del siglo veinte, con su muerte, llegó también el fin de la organización de La Mano Negra, que puso en jaque a las autoridades de Veracruz.

La fotografía que ilustra esta entrega corresponde a la última placa en la que Manuel Parra se retrató con los integrantes de La Mano Negra, en la hacienda de Almolonga. Mi agradecimiento a don Jorge Conde Gómez por la orientación para realizar esta apasionante investigación.

Dirija sus comentarios al correo menes_Llaguno@hotmail.com

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