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A criterio deColumnasJuan Manuel Menes Llaguno

La Mano Negra —segunda de tres partes —


Creada como defensa de los dueños de haciendas y ranchos de Veracruz, para repeler los ataques violentos y abusivos de los llamados Agraristas la organización de La Mano Negra, pronto se hizo famosa por todas las Huastecas y regiones aledañas. Gobernaba Veracruz en aquellos años, el terrible Adalberto Tejeda Olivares, considerado como el azote de la iglesia católica y de los llamados terratenientes. Para enfrentarlos y lograr la afectación lo antes posible, el gobernador, organizó una asociación de campesinos, que exacerbó los ánimos a todo lo largo y ancho de aquella entidad. Una de las primeras víctimas que persiguió aquella asociación, fue precisamente a Manuel Parra Mata, el hidalguense dueño de Almolonga.
Para oponerse a quienes querían invadir sus tierras, sin permitirle conservar siquiera la porción inafectable de sus tierras, Parra, integró en principio por ahí del 1930, una pequeña fuerza compuesta de unos 40 hombres bien armados con los que se enfrentó a las agraristas enviados por el Gobernador Tejada Olivares y tras derrotarlos y hacerlos huir, empezó a recorrer los ranchos, haciendas y potreros, de la región, conquistando la simpatía de sus dueños, que poco a poco, le fueron respaldando con aportación de hombres para defender su causa. Manuel Parra coincidía en la necesidad de reivindicar a los pueblos con tierras suficientes de reparto, pero estaba en contra de los actos de violencia y sobre todo con los actos abusivos, que prohijaban líderes políticos, que buscaban encumbrarse en cargos públicos de importancia.
En este contexto, Manuel Parra, fue conquistando voluntades, de hombres dispuestos a defender los intereses de los propietarios, así —señala don Jorge Conde— logró juntar un ejército de cerca de 16 mil elementos, con el que formó la organización de La Mano Negra que puso en jaque a las organizaciones campesinas, que, sintiéndose ya dueñas de las tierras de sus antiguos amos o patrones, cometían todo tipo de tropelías en el Estado de Veracruz.
Pronto la fama de La Mano Negra, pero sobre todo la del pachuqueño Manuel Parra, se conoció de palmo a palmo por aquellas regiones afligidas, por los enfrentamientos entre hacendados y agraristas, quienes incendiaban y destrozaban potreros y tierras de cultivo, aquella lucha, una verdadera guerra que dejo pueblos enteros destrozados e incendiados, lucha que en unos cuantos meses cobró la vida de cerca de 4 mil jefes campesinos adeptos a las órdenes del gobernador veracruzano Adalberto Tejeda Olivares.
El brazo armado de Manuel Parra era un grupo de sicarios entre los que se encontraban Carlos Ramírez, de Naolinco; Francisco Salas, de Alto Lucero; Manuel Alonso, de Miahuatlán; Magdaleno Mejía, de Los Frailes; Macario y Pedro Parra, de Soledad de Doblado; el Negro Malgano, de la colonia Enríquez; Toribio Díaz, de Cerrillo de Díaz; José Rodríguez, de Blanca Espuma; Félix Osorio, de Tierra Blanca; a los que sumaba una lista interminable de hombres de diversos puntos de Veracruz, todo recios y severos, que cumplían a cabalidad con el apotegma de Manuel Parra “El que no sirva pa’ matar, que sirva pa’ que lo maten” bajo esta máxima, la organización de La Mano Negra dio muerte a cerca de 40 mil campesinos en la década, de 1930 a 1940.
Recuerda don Jorge Conde, que Manuel Parra, llevaba siempre consigo un silbato, —similar al que hoy usan algunos elementos de la policía— que producía un fuerte sonido agudo, con el que llamaba a los miembros de la organización, los batallones de La Mano Negra había dice don Jorge todo un catálogo de silbidos, unos largos otros cortos y mezcla de ambos, con los que ordenaba a las enormes partidas de La Mano Negra y era curioso dice que tras emitir los pitidos correspondientes, en menos de lo que le cuento, llegaban frente al tres o cuatro hombres armados, dispuestos a cumplir las órdenes.
Se dice que debido a la gran influencia que Manuel Parra Mata logró en la zona central de Veracruz en aquellos años —1930 a 1943— que diversos sitios cercanos a Almolonga, en el centro de la extensa entidad veracruzana, fueran rebautizados —tenían nombre diversos antes de aquella época— con el nombre de poblaciones hidalguenses, así surgieron las hoy comunidades de Pachuquilla, El Chico,Actopan y otras registradas ya en la geografía política del Estado de Veracruz.
Además de todo lo anterior, don Jorge Conde —mi guía en el descubrimiento de la personalidad de Manuel Parra y de la organización de La Mano Negra— agrega, que este personaje que logró a al mismo tiempo, amasar una respetable fortuna y detentar un extraordinario poder político, acrecentado, por cierto, cuando el veracruzano Miguel Alemán Valdés asumió la gubernatura de aquella entidad. Fue siempre un hombre muy sensible y respetuoso de las vieja amistades, como don Javier Conde, su padre, a quien invitaba con frecuencia a Almolonga o bien a una bellísima finca que adquirió hacia 1940 en la ciudad de México, ubicada aún en Calzada de la Viga 650, otrora casa de campo edificada entre finales siglo XIX y principios del XX, en el entonces pueblo de Iztacalco cerca de la ciudad de México, a la que puso por nombre Quinta Pachuca, la que por cierto —agrega— está considerada como monumento nacional, la que fue fotografiada aquí en 1930, cuando aun corría frente a ella el “Canal de Viga”.

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