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A criterio deBertha AlfaroColumnas

Honor a quien honor merece


Una hoja de papel con algunas palabras y un corazón, muestran la grandeza de espíritu de las personas que aún en desgracia, tienen el tiempo de compartir un gesto de amor hacia quienes dan la vida por ellos.
En medio de la contingencia Isabella Velázquez Sánchez una pequeña de tan solo cuatro años de edad, se acercó a un oficial del ejército mexicano y le entregó una hoja blanca con un mensaje, que decía:

“Son los grandes héroes” “Sin ustedes no somos fuertes, los amo” En medio de las frases un corazón.

Con solo cuatro años Isabella dio un ejemplo a todos, de lo que significa el reconocimiento y el agradecimiento a quienes de manera desinteresada y con un alto sentido de servicio a toda prueba como son los integrantes del ejército mexicano.

Y es que, en honor a la verdad, los elementos del ejército mexicano se la han rifado en serio.

Lo mismo cargando en la espalda a personas vulnerables, con el agua hasta el cuello buscando damnificados, ayudando a sacar el lodo, preparando comidas, la tropa como les dicen, Isabella prefiere llamarlos héroes, han sacado la casta y demostrado de qué están hechos.

Ellos son pueblo, como quienes ahora están en desgracia en Tula, Tlahuelilpan, Tezontepec de Aldama, Mixquiahuala, Chilcuautla, Ixmiquilpan. Ellos no preguntan de qué partido son, ellos no se ufanan de gestionar apoyos, ellos no saben de colores, ni de amigos o enemigos, ellos se la rifan por igual y por todos.

Estos hombres y mujeres no necesitan de entrevistas en radio o televisión para ser reconocidos, así callados, como siempre actúan, fueron objeto de un acto de amor de una pequeña y que es quizá el más emotivo agradecimiento a un trabajo heroico y desinteresado.

Y en esta tragedia que ha impactado a Hidalgo, donde aún no se comprende qué chingados pasó para que ese madral de agua llegara a Tula, no cabe duda de que en los momentos más difíciles la nobleza y generosidad de las personas no tiene límite y el mejor ejemplo es el de los habitantes de Tula, quienes ante la tragedia por la gran inundación no han dudado de dar hasta lo que no tienen para ayudar a sus hermanos.

Personas que a pesar de haberlo perdido todo, aún tienen capacidad de desprendimiento y son capaces de compartir un pan, un café, una torta, agua o quizá solo una palmada en la espalda.

Nadie que no haya estado ahí, en medio de toneladas de lodo, puede darse una mínima idea de lo que significa la hermandad en tiempos de tragedia.

Nadie puede imaginarse el desencanto, la frustración, la impotencia, cuando al abrir la puerta de tu casa, te recibe el tufo putrefacto de tus pertenencias bajo el lodo y aún así eres capaz de ayudar al vecino.

Mención especial al cuerpo de Bomberos de Hidalgo que, sin pensar en su seguridad, pusieron por delante la misión de rescatar a las personas con vida y así lo hicieron, demostrando que son la neta del planeta.

Reconocimiento a la policía estatal y a la municipal también, quienes han estado al pie del cañón ayudando a la gente, desde el hecho de cuidar su integridad, hasta en algunos casos proteger su patrimonio.

Por supuesto que en esta labor han participado cientos de personas, elementos de la Guardia Nacional, de la Marina, de Protección Civil Federal, los camiones anfibios de Conagua, el Gobierno del Estado coordinando las acciones y las autoridades municipales que al final de cuentas son los que estuvieron ahí desde el inicio de la tragedia y serán quienes continúen en este proceso de limpieza y posterior reconstrucción.

A todos ellos al igual que Isabella no nos queda más que decirles Gracias.

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