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A criterio deBertha AlfaroColumnas

¿Hasta cuándo, federación?


Con una apretada agenda y decenas de temas para abordar, no queda más que entrarle al toro y tratar de entender los sucesos apresurados en este Hidalgo últimamente tan convulsionado.

Aún no nos reponíamos del duro golpe de Tlahuelilpan que puso en evidencia la crueldad y el horror de una práctica ilegal y que solo beneficia a unos cuantos, los famosos huachicoleros, cuando otras explosiones en ductos acorralaron a las autoridades, a quienes los delincuentes, a manera de desafío, les querían dejar ver quiénes mandaban en el estado.

Así que con una actitud contundente se empezaron a realizar cateos y movilizaciones sobre todo en el noreste del estado, justo en la cercanía con Querétaro, asestando un nuevo golpe a los ordeñadores de ductos.

Y no habían pasado ni 24 horas del operativo  cuando en un inusitado hecho en Nopala aparecieron siete hombres ejecutados abandonados en una parcela. Los hechos presumiblemente se atribuyeron a un ajuste cuentas entre delincuentes dedicados al robo de combustible.

Ante tal violencia las autoridades se vieron obligadas  a pedir con carácter de urgencia que la federación reforzara la seguridad por considerarse este un delito federal, algo así como un reclamo  de “no la chinguen, nos están dando bien gacho y ustedes no hacen nada por nosotros”, o cuando menos así se entendió tal llamado de auxilio.

Aunado a ello, las estadísticas  en nada ayudaban al estado porque del Sistema Nacional de Seguridad Pública señalaba que en tan solo dos meses de lo que va del 2019 se habían registrado en la zona de Tulancingo mas homicidios que todos los registrados en 2018. Precisaba que en 55 días ya se reportaban 13 homicidios dolosos, el mismo número que en todo el año pasado y el doble que en 2017 cuando ocurrieron 6 asesinatos.

Total que, entre tragedias históricas y homicidios, el horno no estaba para bollos y se hace necesario un replanteamiento de las debilidades en seguridad y plantear una estrategia efectiva que le haga frente a esta situación de inseguridad que en nada ayuda a un estado que requiere de la tranquilidad suficiente para empezar a despegar en otros ámbitos.

De qué sirven las inversiones millonarias que han logrado las autoridades si en algunas zonas de plano no se puede salir a la calle con seguridad.

La tragedia de Tlahuelilpan era un momento propicio para que la federación y las autoridades estatales se sentaran seriamente a valorar las circunstancias en que han dejado vulnerable al estado.

La falta de oportunidades, la contaminación tanto por las aguas que se reciben de la Ciudad de México y la zona Metropolitana como por las empresas asentadas en Tula y que tantos beneficios le han aportado a la economía nacional.

¿O qué, siempre vamos a ser solo receptores de la basura sin ninguna retribución?

Ahí tienen a las cementeras que por años han recibido el beneficio de los yacimientos que han explotado y que como compensación han dejado contaminación, o las mineras asentadas en Molango que han extraído manganeso hasta el cansancio y solo han dejado enfermedades en los pobladores de la región por su negativa a instalar dispositivos anticontaminantes verdaderamente efectivos.

Y esos son algunos ejemplos. Así que con toda la autoridad el gobierno está en una inmejorable posición de exigir respeto y mejores condiciones de vida para los hidalguenses, o lo que es lo mismo, que no chinguen.

Palabras más, palabras menos

Sé que nada puede aliviar el dolor por la pérdida de un hijo, por ello solo me resta enviarle un abrazo fraterno a mi amigo Gerardo Sosa Castelán.  Espero sus comentarios.

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