Fondas y Figones en Pachuca- Criterio Hidalgo

Fondas y Figones en Pachuca

Desde el figón de la india Mariana Tapia de 1609 hasta los modernos restaurantes, sin olvidar a las célebres fondas del siglo 19, La Nueva Estrella o La Pachuqueña, forman parte de la historia de la venta de alimentos condimentados en Pachuca.

Acerca del figón de la india Mariana Tapia, se conserva en el Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Hidalgo, ramo asuntos criminales, una breve referencia de este negocio a propósito de las diligencias practicadas a consecuencia de una riña ocurrida en su interior, el domingo de Ramos del año de 1609. Por tales actuaciones, sabemos que el negocio contaba con dos estancias; una para cocina y otra para comedor, esta última armada con tres mesas, dos tablones y 25 sillas, así, existían un albañal y un mingitorio en el traspatio de aquel lugar en el que solían abonarse mineros jóvenes y que en él se expendía también pulque y “chinguirito”, bebidas que, por cierto, animaron la reyerta que dio origen al expediente consultado, del que se desprende también la ubicación de la fonda en el camino a la mina. La Cruz de Francisco Cañizares era atendida por dos mujeres, una de edad madura, la referida Mariana Tapia, y otra, una joven mulata de las que no se proporcionan más datos.

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Muchos años después, 250 por lo menos, ya en la etapa de la gran bonanza minera de Pachuca, la historia refiere la existencia de la fonda La Nueva Estrella, cuyos datos se derivan de una deliciosa narración realizada por don Matías Romero en el prólogo al libro Porfirio Díaz, Memorias y Documentos de su Archivo Personal, en el que narra una curiosa anécdota ocurrida al militar oaxaqueño durante su estancia en Pachuca, en octubre de 1861, cuando el entonces coronel Díaz permanecía aquí, acantonado con las fuerzas liberales del general Santiago Tapia, en unión de quien enfrentó y derrotó al conservador Leonardo Márquez, como acto final de la llamada Guerra de Reforma.

Recuerda Díaz que “estando en Pachuca entró un día a almorzar en la Fonda de La Estrella, que pertenecía al señor Salinas, porque allí tomaba siempre mis alimentos”.

Aunque la narración del coronel Díaz no señala la ubicación de la fonda, es fácil deducir que esta se encontraba en la calle de Los Mesones, hoy de Matamoros, dado que allí se establecieron todos los servicios para los viajeros importantes que llegaban a la entonces bonancible Pachuca, y por lo que se refiere al dueño, es seguro se tratara de Enrique Salinas, patrón también del mesón u hotel La Unión, ubicado en esa misma arteria.

Don Teodomiro Manzano alude a otra fonda, posiblemente contemporánea de la anterior al menos en el último tercio del siglo 19, se trata del figón propiedad Jaime Scoble, célebre personaje en las pesquisas del homicidio que en 1879 se cometió en contra del ciudadano Polaco Francisco Lambert, abonado de aquel expendio de alimentos.

Por otra parte el Almanaque Universal de 1881 contiene un breve anuncio sobre un comedor ubicado en la primera calle de Morelos, denominado La Pachuqueña, que la publicación cataloga como amplio, limpio y con muy buen sazón para sus alimentos.

De esta misma época proceden noticias del restaurante El Paraíso Terrestre –después solo El Paraíso– en la acera norte de la plaza Independencia, que fue propiedad Alejandro Urandúrraga; otro fue La gran sociedad, un café cantante y restaurant ubicado en la primera de Matamoros, propiedad de Ricardo Peón y Calixto Echavarría y El Comedor ubicado en la Calle de Villa –propiedad de Adelaida Castillo y Margarita España–, todos existentes en la última década del siglo 19.

Con la llegada de la siguiente centuria crece de manera sustancial el número de comedores, entre los que se encontraban los llamados merenderos, los que deben mencionarse el del hotel San Carlos, en la segunda de Ocampo, instalado en la planta baja del hotel de su nombre, cuyos servicios, según un anuncio en El Mundo Ilustrado, daban inicio a las 6 de la tarde; de allí que se le conociera como merendero, pero también hubo restaurantes de postín, entre los que sería imposible olvidar al restaurante y ladies bar del gran Hotel Grenfell, que allá por 1900 atendía a su clientela en la planta baja del edificio que otrora fuera Casa de Diligencias; por cierto, entre su clientela contaba con personajes como el millonario ingeniero Gabriel Mancera, varias veces diputado federal y local; por esos años presidente municipal de Pachuca.

Entre estos últimos debe también mencionarse al Restaurante Prunetti, propiedad de Lugi Prunetti, ubicado primero en la plaza Independencia y a partir de 1907 en la planta baja de la bellísima mansión construida por don Ramón Riverol al inicio de la calle de Zaragoza –hoy propiedad del arquitecto Luis Corrales– que alcanzó fama en razón de que en sus mesas se fraguó el fallido levantamiento de la Revolución Mexicana en Pachuca, abortado al ser aprendidos los principales líderes –Ramón Rosales, Abel Serratos, Jesús Silva, Francisco Cosío Robelo y Loreto Salinas–. Prunetti, por tal motivo se vio obligado a huir y el sitio cerró sus puertas. Otro restaurante de postín fue el Hotel Niagara, ubicado en el edificio del actual Banco Bilbao Vizcaya, antiguo edificio construido a principios de siglo para alojar al Banco de Hidalgo en la plaza Independencia.

Precisamente en la fotografía que ilustra esta entrega puede verse afuera del Restaurante del Hotel Niágara al popular Mario Moreno Cantinflas en 1944.

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