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A criterio deColumnasJorge Martínez López

Fallece Anselmo Estrada Alburquerque, un periodista ejemplar

El periodista Anselmo Estrada Alburquerque falleció en Pachuca a los 84 años de edad luego de una fructífera vida dedicada mayormente al ejercicio de un periodismo honesto y vertical.

En su trayectoria de 60 años, fueron distintas las redacciones de diarios nacionales y locales donde desempeñó su tarea tras haber hecho empleos de minería y otros giros menores.

Amante de Pachuca y de la buena ortografía, don Chemo –como era nombrado por sus amigos– vivió su infancia en las calles de Abasolo junto con 10 hermanos, producto del matrimonio entre doña Ignacia Alburquerque y don Miguel Estrada, quienes habitaban un viejo mesón que hasta la fecha es visible son sus muros amarillentos y abandonados.

Su incomparable columna, La inocente polvorita –que publicó durante largos años en El Sol de Hidalgo; posteriormente, en Milenio, y ahora, en Criterio, así como en otras casas editoriales–, era un punto de referencia para la sociedad que buscaba una sátira fina y siempre bien documentada.

En 1960, luego de laborar cuatro años en la mina de Loreto, Anselmo atendió un aviso de El Sol de Hidalgo en el que solicitaban reporteros. Su buena ortografía y algunos antecedentes en el oficio desarrollados en el periódico Acción de Tulancingo, fueron suficientes para ocuparse de tiempo completo a las tareas periodísticas.

A los 24 años comenzó su recorrer por las redacciones. Aunque mantenía su empleo de forma intermitente en El Sol de Hidalgo, realizó trabajos en Novedades, Centenario y un diario especializado en finanzas.

Por invitación del entonces director de El Sol, Fausto Marín, se hizo cargo del nuevo proyecto de la Organización Editorial Mexicana (OEM), denominado El Sol del Campo, mismo que dejó al ser exhortado a participar en un proyecto del Uno más uno, de forma conjunta con el hidalguense Miguel Ángel Granados Chapa, con quien compartió una cercana amistad.

Posteriormente, trabajó en el diario Visor, Milenio y, hasta ayer, en esta casa editorial.

De manera personal, participó en ediciones colectivas como la realizada en torno la Feria de San Francisco en sus dos ediciones y, además, editó en su momento un rotativo denominado El Fusil, donde la materia prima era el pitorreo hacía las autoridades.

De color morado, el periódico era una tira cargada de buen humor y sátira contra los malos gobernantes del sexenio de Adolfo Lugo Verduzco.

Dejó pendiente una edición dedicada al Reloj Monumental, en la que dibujaba de manera detallada cada una de sus piezas e historias tejidas a su alrededor. Esto, a partir de la colaboración de distintos artistas, editorialistas y periodistas.

El cáncer que carcomió sus entrañas de ninguna manera nubló su excelente memoria, de la cual hacía gala con fechas exactas, lugares y nombres. Esta capacidad la utilizaba para recrear la historia de Pachuca, donde juntó muchos momentos que le permitían recrear de manera fiel los sucesos, muchos de los cuales vivió en su tarea o en sus labores de investigación permanente que compartía con amistades que tenían el mismo gusto por contar historias reales.

Don Chemo, sin duda, también fue un gran conocedor de los bares y cantinas, donde gustaba de jugar fuercitas con sus contemporáneos, con quienes festejaban con grande gritos y aullidos sus triunfos y sus derrotas.

Amante del alpinismo y las caminatas, era recurrente encontrar en sus pertenencias los habituales mosquetones y algunas cuerdas.

A su paso por las distintas redacciones, siempre sembró la semilla del buen periodismo. Distintas son las generaciones que agradecen la enseñanza que brindaba de manera desinteresada y, en algunos momentos, en cursos intensivos de redacción y ortografía.

Descanse en paz un ser excelente que supo hacer del periodismo un digno estilo de vida.

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