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A criterio deColumnasSalvador García Soto

El pánico azul


Entre los panistas que aparecen mencionados en los testimonios y acusaciones de Emilio Lozoya Austin hay un miedo auténtico de ser acusados, procesados y hasta detenidos, porque tras el arresto del exsenador Jorge Luis Lavalle, alias Pachita, el gobierno de la 4T y su brazo judicial, la Fiscalía General de la República, abrieron la temporada de “caza blanquiazul” con miras a impactar las elecciones del próximo 6 de junio y que a partir de ello, varios políticos encumbrados, sobre todo de los que fueron senadores en la pasada legislatura y del círculo cercano del expresidente Felipe Calderón, están en estos momentos en la mira y sus expedientes podrían ser judicializados en cualquier momento.

A partir de denuncias que presentó el 17 de febrero pasado la Unidad de Inteligencia Financiera, el próximo en la lista de la FGR es Roberto Gil Zuarth, el que fuera exsecretario particular de Calderón y poderoso senador durante el sexenio peñista. La denuncia por manejos financieros irregulares que le elaboró Santiago Nieto y que se presentó ante la Fiscalía Especializada contra Delitos de Corrupción, está ya siendo judicializada. Roberto Gil, quien curiosamente es un solicitado abogado defensor de otros panistas acusados, ahora también está ocupado y preocupado en armar su propia defensa jurídica, política y mediática. El exgobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, es otro que ya siente llegar el fuego a los aparejos, pues es cuestión de semanas para que la Comisión Instructora dé a conocer su dictamen sobre la solicitud de Procedencia que presentó la Fiscalía General de la República que, está más que claro, será a favor de eliminarle el fuero y permitir que procedan penalmente en su contra.

Y aunque Cabeza de Vaca sabe que tiene un colchón de tiempo, los nervios le están ganando al gobernador, sobre todo porque siente que algunos de sus amigos de confianza en el PAN lo han traicionado y le están dando la espalda. La traición que más molesta e incomoda a Cabeza es la de su gran amigo y compañero en el Senado, Francisco Domínguez, actual gobernador de Querétaro. Las sospechas de los tamaulipecos sobre el gobernador queretano se basan en que, a pesar de que en el video que se filtró del caso Lozoya, donde funcionarios de Pemex entregan bolsas llenas de dinero en efectivo a dos enviados del Senado, uno era Rafael Caraveo, exoperador cercano del senador priista Emilio Gamboa y del panista Jorge Luis Lavalle, el otro personaje que aparece era Guillermo Gutiérrez Badillo, el entonces secretario particular del senador Francisco Domínguez Servién, hoy gobernador de Querétaro. ¿Por qué, mientras a otros panistas como Pachita Lavalle, Gil Zuarth, Ricardo Anaya o el propio Cabeza de Vaca les abrieron expedientes que ya están siendo judicializados, al gobernador de Querétaro ni siquiera lo han vuelto a mencionar, mucho menos a investigar?
Veremos qué tanto cunde el pánico azul y cuántos panistas son llevados ante los juzgados en los dos meses de campañas electorales, pero por lo pronto un buen indicador del nerviosismo que tienen los blanquiazules fue la comida privada que el pasado martes sostuvieron Ricardo Anaya y el gobernador Cabeza de Vaca. Aunque pocos los vieron entrar, porque lo hicieron por un acceso privado que utilizan muchos políticos que acuden al restaurante Estoril de Polanco cuando no quieren ser vistos, la presencia del excandidato presidencial y del mandatario estatal se supo porque en los pasillos del restaurante y en el estacionamiento y la calle de Alejandro Dumas pudimos contar la presencia de entre 15 y 20 guardias armados y por lo menos cinco camionetas blindadas Suburban y de otros modelos que acompañaban al gobernador tamaulipeco. ¿Del tamaño de la seguridad es el miedo azul o es pura precaución?… Los dados mandan escalera doble. Buen tiro.

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