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A criterio deBertha AlfaroColumnas

El infierno se pinta de azul – Columna de Bertha Alfaro


Cuando el gobernador Fayad se refirió como “el infierno” a las calamidades que le habían caído a Tula, con las dos inundaciones de aguas negras que dejaron 17 muertos y miles de personas en la miseria después de haber perdido su patrimonio, en verdad se quedaba corto, porque a esta ciudad grandiosa por su historia prehispánica, de plano se la han dejado caer los jinetes del apocalipsis.

Aún no se reponían los vecinos del Denguì, en Ciudad Cruz Azul, de la tremenda inundación en la que el agua cubrió el primer piso de las viviendas, ahora la pesadilla volvió el fin de semana pasado, cuando habitantes de este fraccionamiento cercano al río Tlautla veían con terror como el caudal se teñía de un azul intenso.

Imagínese usted que después de haber vivido dos inundaciones en menos de 15 días y donde lo poco que rescataron literalmente se perdía, ahora que un torrente de agua azul empiece a correr a unos metros de tu casa, era como para preocupar a cualquiera.

De inmediato comenzaron los anuncios alarmantes para que los vecinos desalojaran las viviendas y abandonaran todo para irse a los refugios.

El chisme corrió como reguero de pólvora y si a eso se le añade que la gran mayoría de la población de Tula ya está ciscada, ahora todos creen lo que sea y rápidamente crece el pánico.

Así que el incidente del sábado, cuando el río se pintó de azul, revivió los temores de los habitantes de la Ciudad de los Atlantes y la urgencia de retomar el reclamo a la federación de que cumplan sus promesas de apoyar a los damnificados y que no se hagan pendejos con los ofrecimientos de ayudar a la región.

Porque a unos cuantos días de que se cumplan dos meses de la tragedia, nada más no se ve claro que se atienda a los afectados como lo ofreció el mismo Presidente López Obrador.

Hay que reconocer que tanto el gobierno del estado como el gobierno el municipal, el Ejercito Mexicano y la Guardia Nacional, así como la sociedad organizada, se la rifaron y apoyaron con todo a miles de personas, pero la supuesta ayuda de parte de los que fueron señalados como responsables de las inundaciones, nomás no llega, aunque eso sí, la promesa de que en 15 días el Presidente regresaba a Tula para reunirse con los vecinos y ver sus necesidades sigue en el aire, al igual que su visita a la zona.

Así que ahora fregados porque no hay forma de recuperar lo perdido, la amenaza de un nuevo caudal, azul, pintado de azul, parece una burla a la tragedia.

Considerar que Tula es ya una zona de desastre ecológico, debería despertar la conciencia de las autoridades federales y de esa bola de sujetos llamados diputados que dicen “trabajar en el Congreso de la Unión” para que tomen en serio la alarmante situación de miles de habitantes de Tula que, sin deberla, ni temerla, están padeciendo.

Aunque la verdad no creo que a esos “representantes populares” les importe lo que le pase a esas personas que confiaron y votaron por ellos.

Son tan soberbios y pendejos, que solo les preocupa ver cómo se colocan en las encuestas creyéndose con méritos para ser gobernadores y hasta reciben premios de universidades patito.

Lo único que les queda a los habitantes de Tula, es rascarse con sus propias uñas y soportar más contaminación e inundaciones, al fin y al cabo, son unos gigantes.

 

Palabras más, palabras menos.

Por si estaban con el pendiente, el color azul derramado en el agua del Río Tlautla, era anilina, un colorante que se usa para pintar los sacos de la cementera Cruz Azul.

Y por cierto, la Conagua ya le dijo a los alcaldes afectados por las lluvias que no hay lana para proyectos que prevengan futuras inundaciones y que no estén chingando.

Mira las Columnas de Criteiro Hidalgo 

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