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El espacio público como expresión de gobierno – Columna de Marco Moreno


Hablar del espacio público es algo que ha dejado de suceder de manera cotidiana, el espacio que era de todos y ahora es de algunos, el que sirve para que se exprese la individualidad frente al colectivo social que construye la ciudad. El mismo que deja de ser frente a nosotros como producto de la incapacidad gubernamental.

El espacio público que mantiene la ciudad unida, donde se entrecruzan las personas y sus vidas, donde conviven los derechos y se levantan las voces; el mismo que en muchas ocasiones se define, se delinea y se construye bajo la voluntad de quien gobierna.

El mismo espacio que debería ser para los habitantes y en ocasiones los excluye, los deja fuera. Ese que se deteriora porque carece de significado para el insignificante gobierno.

Hablemos del espacio público, de su uso, su destino final y su manipulación tramposa para favorecer a algunos cuantos. El espacio que era de todos y dejó de ser de nadie.

Si me preguntas a mí por el espacio público, quizá mi respuesta apunte a describirlo desde la perspectiva de Castells, quien asegura que cada día “surge una nueva espacialidad donde el espacio de los flujos predomina sobre el espacio de los lugares, alterando la forma, la función y el significado de éstos”.

Basta volver un poco el rostro para ver la forma en que el espacio público, el que debe usar la gente de manera cotidiana, se ve comprometido, desdibujado y usado como moneda de cambio para la administración municipal.

Además de que el propio tipo de uso de este, habla de la forma en que las nulas oportunidades laborales para los habitantes de la ciudad se han traducido en oportunidades de acciones políticas de líderes que han encontrado en las necesidades ajenas, la propia manera de subsistir y prosperar.

Hoy, sin lugar dudas, que el uso y destino del espacio público muestra, entre otras cosas, la fútil manera de entender el acto de gobierno. Más allá del simple acto de administrar, este espacio público deja entrever, incapacidad para promover económicamente el municipio.

El espacio público no solo se ha comprometido en la incapacidad de cumplir su función urbana, sino también se ha obstaculizado para ser la expresión de los derechos de los ciudadanos e, irónicamente, se ha vuelto en el escaparate de la incomprensión de la defensa de estos derechos. Complejo el tema, lleno de aristas y confabulaciones.

Es ese espacio, el público, el que se convierte en el soporte de nuestras vidas cotidianas; comprometerlo, manipularlo, implica poner en riesgo la estabilidad y su correcto uso en favor de sus habitantes.

Hemos, es importante señalarlo, mal entendido la función del espacio público y su sustentabilidad; hemos construido el espacio público sin considerar a las personas como el eje fundamental de su construcción y permitido la manipulación y uso en función de los intereses de pequeños políticos.

El espacio es de la gente, para la gente y en función de la vocación de uso con la que fue diseñada. Visto así, la autoridad municipal debe reorientar los usos en función de ese interés superior de la ciudad y no como expresión de su mínima capacidad de entender lo que hace desde el ayuntamiento.

Un parque es un parque y una calle es una calle, así de simple, así de claro. Tan claro como que la no promoción económica del municipio se ve reflejada en la imposibilidad de contar con nuevas plazas de empleo para la gente.

Tan simple que la proliferación de comercio ambulante, no regulado y no ordenado por el ayuntamiento, así como el no cumplimiento de lo establecido en los decretos que rigen la forma de hacer este comercio, da como resultado que el ayuntamiento todo, muestre una postura de importapoquismo sobre el destino y uso del espacio público.

No hay, no existe, una explicación o justificación en torno a la realidad del espacio urbano, cualquier intento de justificar lo que está sucediendo con el espacio urbano en la ciudad, es una clara muestra de desprecio por aquellos que practican el comercio ambulante y por los habitantes que tiene derecho al uso irrestricto del espacio urbano.

Algún día hablaremos de la ruptura del espacio urbano, el miedo que se esconde tras los muros y las fortificaciones metálicas que crecen en ella, algún día hablaremos de la exclusión y discriminación que representa este hecho para aquellos que viven en los barrios y colonias populares.

Hoy, lo importante, era mostrar lo apocado que se ve el ayuntamiento de la ciudad frente al arrebatamiento del espacio público en manos de unos cuantos líderes. Apocado o confabulado para ceder el espacio en franca complicidad e incompetencia

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