De discursos y ausencias

Hay frases que llaman la atención sobre sí mismas, distraen del tema sobre el cual se hablaba y sorprenden incluso al que las dijo, como una revelación, por lo que dicen y lo bien que lo dicen.

“El secreto de la fama”

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Gabriel Zaid

 

En su libro el secreto de la fama, Zaid aborda una serie de temas que se antoja extraños, pero extraordinarios, habla d aforisma, de citas, las que son exóticas, aquellas que se convierten en abusivas. Habla, por ejemplo, de Lord Acton, a quien asegura, muchos no han leído, pero siempre citan diciendo “El poder corrompe”.

Zaid, me llevo a pensar en muchas cosas, tantas y todas relacionadas con la forma en que se rememoran o se dicen las cosas. La forma en que se mencionan y se asumen por los demás y, por uno mismo. Hay mucho de razón en su análisis del surgimiento de lo citable, de la forma en que nace en los famosos almanaques, como, dice Zaid, “el Calendario del más antiguo Galván, producido en México”.

En el ecologismo, algunos lo denominan ambientalismo, sucede más o menos lo mismo. Las cosas pueden citarse, mencionarse en algún lugar, recogerse en la charla en algún otro momento. Usarse como argumento ideal para defender el futuro, aun cuando el futuro no está suficientemente delineado y menos comprometido.

La semana anterior hacía referencia a la complejidad del concepto medio ambiente. Tan lleno de todo y esperando todo. Un concepto que ha sido definido, en la mayoría de los casos, por las características del momento en que se vuelve necesario. Si el concepto medio ambiente se vuelve necesario cuando algo perturba el equilibrio ecológico, pero, sobre todo, cuando esas perturbaciones se dan en el espacio mismo en que nosotros nos desarrollamos. Una visión un tanto egoísta de lo que debe ser el ecologismo.

El ecologismo, es otro concepto harto complejo de este asunto que alguno denominan la defensa del medio ambiente. Pero ¿El ecologismo es una simple pelea por un lugar? ¿Se reduce a una lucha en la que decirse ecologista, es un tanto inadecuado?

Si pudiéramos citar J. J. Gámez de la Hoz, la respuesta podría ser demoledora “El punto de vista ecologista plantea un modelo de sociedad determinado, apoyándose en todas las disciplinas con la salud y el medio ambiente, la ecología) lo que no significa que sean los portavoces veraces y acertados en las acciones de preservación del medio ambiente”.

Bueno en su caso, no se puede esperar más, más adelante critica a quienes culpan al sistema capitalista de la responsabilidad en la devastación y contaminación del medio y, más adelante, remata de manera magistral, “la experiencia pone de manifiesto que los daños a la naturaleza no tienen una bandera política”.

Sin embargo, parece que en cada una de las afirmaciones se equivoca, pues deja de lado un hecho ineludible, al menos en los países subdesarrollados, como el caso de México, han sido los grandes consorcios multinacionales los responsables de gran parte de los daños generados en el medio ambiente.

Los mismos que han sido acompañados por los discursos esperanzados y sin sentido de quienes gobiernan. Decía en algún lugar, las inversiones profusamente celebradas por el gobierno de Hidalgo, representan una gran victoria para las empresas y una triste derrota para la gente.

Entonces, ser ecologista no es pelear por un lugar, tampoco es inadecuado denominarse ecologista y pelear un poco más por lo que quienes gobiernan han dejado de lado. Ser ecologista es tomar un argumento que es real y válido: Hay un derecho humano a vivir en un medio ambiente adecuado para nuestro desarrollo integral y este derecho es transversal a todos los derechos humanos que quienes gobiernan dicen respetar y defender.

Zaid dice en su libro, haciendo referencia a los almanaques, “La inserción de microtextos se facilitó por un problema gráfico, que todavía tienen las revistas” haciendo referencia a que el tamaño de un texto puede quedar espacios en blanco que se deben rellenar de alguna manera.

En los discursos gubernamentales, sucede más o menos lo mismo. Hay espacios en blanco que han permitido la inserción de pequeñas declaraciones, enfáticas declaraciones en torno a la forma en que se trabaja para preservar el medio ambiente. Pero son solo eso, pequeñas inserciones para resolver un problema de espacio.

Solo que, en este caso, no logran rellenar los espacios vacíos, vacíos de ordenamiento territorial serio y responsable, más allá de los ordenamientos a modo para perseguir un desarrollo que no es el nuestro.

Vacíos, de rescate de áreas ecológicamente importantes para las ciudades, para los municipios de la entidad, las que se llenas de viviendas de la mano de las grandes empresas constructoras y de las propias organizaciones sociales, en donde no media la búsqueda del bienestar colectivo.

Estoy convencido de que el medio ambiente, está lleno de discursos vacíos en los que el reconocimiento del por qué defender el ambiente, no llega hasta donde debe. Hasta la cara de las personas que habitan ese medio ambiente.

Las personas y los demás seres vivos. No basta un grito en favor de la biodiversidad, sino se comprende que, en esa biodiversidad, el ser humano ocupa un lugar, un espacio y juega un papel, no solo de uso de los recursos, sino como parte de esta, como integrante de ella, ni más ni menos.

No basta hacerse difusor de una agenda por la sostenibilidad, si no se entiende que esa sostenibilidad incluye a las comunidades más apartadas, más marginadas, más excluidas.

Y esas personas, no pueden, bajo ninguna circunstancia, ser pequeñas inserciones en un discurso que se queda vació de ellas y de su futuro.

 

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