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A criterio deAnselmo Estrada AlburquerqueColumnas

Cuando se quiere, se puede


En 1916, el gobernador Nicolás Flores ordenó colocar el busto de Benito Juárez en la parte sur de la plaza Independencia, pero años después, por razones desconocidas, otro gobernador lo movió y en las últimas décadas formó parte de los adornos del atrio de la parroquia de La Asunción.

El deterioro del busto fue notorio: la base y pedestal mostraban los efectos del tiempo. El pilar, de cantera, se descascaró y la efigie del Benemé-rito, de bronce, adquirió tono negruzco con escurrimientos, consecuencia del descuido.

Transcurrieron ¡cien años! para que alguien, no se sabe si fue algún alcalde —la actual, Yolanda Tellería, no le dio difusión—, o algún particular que realizó lo que parecía imposible.

La placa reza:
Al gran reformador y Benemérito de América Lic. Benito Juárez.

Fueron restituidos pequeños dentellones y otros detalles de esa minúscula obra, lo cual revela que cuando alguna persona muestra iniciativa, nuestros monumentos pueden ser rescatados, haciendo a un lado la negligencia de las autoridades municipales encargadas del embellecimiento de la ciudad.

La inscripción detalla:
“Siendo Gobernador del Estado de Hidalgo el C. General Nicolás Flores se erigió este monumento. 5 de mayo de 1916”.

Ese trabajo de restauración podría extenderse al monumento a Miguel Hidalgo de la plaza Constitución, del que se ha hablado y escrito en incontables ocasiones durante los últimos treinta años, ¡treinta años! Sin que a la fecha alguno de los 10 presidentes municipales haya atendido los reclamos populares.

Los integrantes del Comité Técnico del Centro Histórico de la Ciudad, que preside el profesor Bonfilio Salazar, han iniciado estudios para el remozamiento de ese monumento y que incluye,
al parecer, la remodelación de la abandonada plaza Constitución.

Es innegable la urgente intervención de remozamiento al altar dedicado al Padre de la Patria. Sólo los carentes de la vista, de sentido común, de autoridad administrativa y sobre todo moral, disimulan lo que miles de pachuqueños advierten a diario desde hace tres décadas.

Anselmo Estrada

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